Un día distinto en Burgos (camino)

Hoy os dejo un aporte explicando mi visita a Burgos durante el Camino de Santiago, de aquí 3 días seguiré con la expedición.

Las primeras caricias del alba, apuntaban a un día gris y difícil. Las temperaturas eran realmente bajas y las nubes avecinaban lluvia. Para colmo, según ya había avanzado casi dos horas de camino, justo cuando empezaba a caer una pequeña tromba, me doy cuenta que me he dejado la cantimplora en el albergue. Mi magullada y tortuosa cantimplora, que tantos kilómetros y aventuras había compartido conmigo. Todo era perfecto para ser un día de mierda, estaba pasando realmente frío, entre la lluvia y el viento, que planeaban fastidiar toda la fiesta.

Pero Burgos resistiría. Sería Pedro, un peregrino burgalés el que me salvaría del problema con la cantimplora, alguien se había dejado otra en un albergue y él la cogió. Así que decidió dármela. En ese momento las nubes empezaban a escamparse y a dejar que el sol saliera, quizá con demasía. Hasta que al llegar a la majestuosa catedral gótica de Burgos, empezaba a hacer un calor agobiante.

Toda la tarde me quedo en el albergue haciendo mis quehaceres, hasta que me vuelvo a unir al grupo. Primero me dicen de ir a un bar algo peculiar, donde yo, supuesto músico, disfrutaría muchísimo. Se trata de la Taberna Patillas que, ciertamente,  era poco común. Era un antro bastante pequeño, en cuyas paredes colgaban cualquier tipo de recuerdos. Fotos, guitarras, carteles, pósteres, etc. Todo con una temática variada: flamenco, Elvis, algún toque punky, varios carteles de corridas de toros, etc. Allí había un grupo de jubilados tocando jotas con la guitarra y un laúd. Finalmente unos niños se animan a bailarlas. Pero el camarero estaba un poco harto de ellos, al parecer la mandanguita buena llega por la noche.

 

Pero no podíamos estar allí tanto tiempo, porque Burgos nos esperaba con sus fiestas. Por todo el centro se habían desperdigado decenas de casetas donde servían bebida y una tapa para acompañarlo. Todas competían por tener la más buena, y usaban sus premios en años anteriores como reclamo. De simples alitas a morcilla de Burgos, langostinos, mini hamburguesas o creaciones propias. Todo acompañado con La Pegatina o El Niño de la Hipoteca. Lastima que fuera el único que me sabia las canciones…

La kuadrilla

Según caía la noche iban llegando las peñas a la plaza mayor, pero por mala fortuna no pude ver cómo seguía, ya que el albergue cerraba. Según empezaban a agolparse en la plaza fue momento de irnos. Aunque me dio tiempo de hacer una mala foto.

Llegamos a la puerta y aún me quedaban 5 minutos para despedirme de mis amigos. Pero tenía prisa para ir a dormir el hospitalero y me obligó a entrar antes. Aunque luego, en realidad, no pudo pegar ojo por el jaleo que había en las calles, ya podría haber dejado que lo disfrutáramos los chavales.

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