Berna, una de mis ciudades favoritas

Llego a Berna, capital Suiza, y el tiempo no augura buenos momentos. Es una de mis ciudades favoritas de Europa y me hubiera gustado hacer un qué ver en condiciones de la ciudad. Pero no fue posible grabar todo. Así que haré una mezcla de explicación de la expedición y qué ver…

Llegué a la estación central de tren, que a la vez funciona de centro comercial, donde está la oficina de turismo y hay wifi gratuito. De allí fui para casa de Sina, my couchsurfer, donde preparamos una cena y estuvimos hablando hasta la noche.

 

Pero bueno, empezamos des de la estación. Nada más salir nos encontramos una iglesia a mano derecha. Ahí la dejamos y seguimos adelante por la calle Neuengasse. Nos llevará a una plaza con un mercado permanente, al menos las 3 veces que he estado estaba ahí.

Después de andar por el mercado, seguimos por la calle que tiene una torre con un reloj rojo en la esquina derecha. Esta vendrá a ser la calle principal de Berna, decorada con banderas de los distintos cantones y fuentes bellamente ornamentadas cada pocos metros.

En la primera calle a la que llegamos, la más grande que nos encontraremos, tenemos a mano izquierda la Kornhaus. Antiguo almacén de gano y actual centro cultural de la ciudad. Detrás de él hay una bonita iglesia gótica.

Pero lo más impresionante lo tenemos en frente. Cruzamos la torre y nos encontramos con un reloj astronómico. Es como el de Praga y siempre me ha parecido una obra de la ingeniería. Lo primero marca la hora, también las constelaciones del zodiaco que se ven en ese momento. El pequeño sol marca la posición exacta de este y cuando llega a la parte oscura significa que se ha puesto y es de noche. Por otro lado tenemos la bola negra y blanca, que es la luna. También sigue su posición, marcando además si esta llena o no, y si hay eclipses se pone enfrente del Sol. Como el reloj de Praga, este también tiene un “espectáculo” cada hora. Los muñequitos mueven la cabeza. No vale la pena esperar ni cambiar planes para verlo, si os pilla por ahí miradlo, sino no os perdéis nada.

 

Seguimos por la calle principal y a mano derecha tenemos la casa museo de Einstein. No he entrado, pero el precio no era muy caro. Eso si cierran bastante pronto, mejor visitarlo por la mañana.

La siguiente calle a la izquierda tenemos el ayuntamiento de Bern, con todos los escudos de armas de los distintos cantones que forman Suiza. Siguiendo para abajo, ya sea por la calle principal o la paralela del ayuntamiento, llegamos al río. Al cruzarlo nos encontramos con los osos de Berna, símbolo de la ciudad en su emblema y bandera. Están en cautiverio y los podéis ver aburridos por ahí.

 

Al otro lado de la rotonda podéis subir, a mano izquierda, al pequeño monte. Des de allí tendréis unas maravillosas vistas de la ciudad. Además de poderos relajar en una cafetería o en el propio césped que hay en frente.

Vistas des de arriba

Volvemos a bajar y al cruzar el puente cogemos la calle que va paralela, por la izquierda, a la principal. Nos encontraremos con la catedral de la ciudad. La entrada es gratuita, aunque si se desea subir a la torre hay que pagar. Lo más destacable es una cristalera enorme, donde se relata como la muerte molesta a todo el mundo. La parca no entiende de clases, de nivel económico, de poderes, llega a todos por igual.

Al lado tenemos un parque con bellas vistas. Nos acercamos al puente que vemos, que cruzandolo tendremos unas vistas aún más bonitas. Además tenemos el museo de Einstein y de historia. Pero nos quedamos en la plaza del otro lado del río, donde tenemos el casino y el teatro nacional.

Seguimos recto hacia arriba y nos encontramos con el parlamento suizo. Recordamos, que aunque no lo parezca por su tamaño, Berna es la capital helvética. Detrás de esta tenemos unas bellas vistas al río y a los bosques y parques que lo rodean. En la plaza de enfrente hacen algunos encuentros culturales, la segunda vez que estuve había una quedada para bailar swing.

Por último os recomendaría encarecidamente bajar al río, en la parte que queda enfrente del parlamento. Allí tenéis unas piscinas públicas y gratuitas enormes, pistas de volley playa y un gran parque para relajarse. Todo con entrada libre.

Pero lo más llamativo es cuando os asomáis al río. Veréis a gente dejándose llevar por la corriente. Si cogéis un día de verano soleado veréis a miles de personas bajando. Por mala suerte yo estuve en un día lluvioso y no lo pude documentar pero es algo realmente increíble. El recorrido es de unos 3 km, pero no recomiendo hacerlo tan largo, sobretodo si no sois expertos nadadores. Aunque veáis a gente que lo hace muy fácil, la corriente no para de empujarte al fondo y el agua esta muuuy fría. Aún así vale la pena acercarse aunque solo sea a ver a los valientes.

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