Viaje a Barcelona con parada en Madrid

El despertador me sonaba en medio de la terminal. El alcohol consiguió dormirme casi al instante, y bien a gusto que estaba. Me levanto y me voy para la puerta. Me llega un mensaje del BlaBlaCar que me lleva a Madrid, diciendo que ya están allí. Después de un rato buscando los encuentro.

Allí estaban, una pareja y una chica que también venía del BlaBlaCar. La pareja era, digamos, hippie. Con el aspecto algo dejado y el coche aún más, el chico intentaba hacernos espacio a los de BlaBlaCar. El maletero estaba a reventar de cosas. Iba sacándolas y metiéndolas en el asiento del copiloto, donde por sorpresa apareció un perro que se portó de maravilla todo el viaje. La novia se va a por el vuelo que tenía que coger y nos quedamos allí esperando a que el chaval haga sitio.

 

Finalmente lo conseguimos. Aunque debo ir con parte de mi equipaje encima porque no entra en el maletero. Nos vamos de viaje y enseguida me quedo frito. No sin antes darle mi móvil al chico para que use el GPS.

Al final me despierto sobre las 12, hora en la que deberíamos haber llegado ya a Madrid. Pero no ha sido así, ya me parecía demasiado optimista esa predicción. Ahí empiezo a conocer un poco a mis acompañantes. La chica es portuguesa y va a Madrid a estudiar, algo relacionado con el arte. El conductor es un italiano que va pululando por el mundo, aunque no llegué a saber muy bien a que se dedica. De viajar aprendió el castellano y ahora nos llevaba con su perro a Madrid de camino a Valencia.

En cuanto los dos ya estamos un poco más despiertos, nos pide que le demos más dinero, que no se esperaba que el peaje fuera tan caro, y que siente llegar tarde. Al final llegamos a Madrid casi a las 2. La chica le da algo de dinero y se va corriendo, yo me quedo buscando el cargador del móvil que ha desaparecido.

No aparece, así que acompaño al italiano a que se haga una tarjeta SIM, y a la vuelta sigo buscando. Por suerte acaba apareciendo. Le digo que no tengo dinero pero que si quiere le invito a comer. Acepta y nos vamos a un 100 Montaditos que estaba al lado.

Después de comer me voy para la plaza del sol en metro. Salgo y me encuentro con esto.

 

Hay un andamio cubriéndolo todo. Hay que reconocer que al menos el andamio tiene pintada la fachada, no como en Santiago de Compostela. Pero igualmente… Nunca te lo perdonaré Carmena, nunca te lo perdonaré. Así que lo siguiente que hago es marcharme para el ayuntamiento a quejarme, cruzando la gran vía.

Llego hasta el ayuntamiento y adivinad. Los cabrones han puesto un andamio en ahí también. Me empiezo a enervar un poco, a ver si en España lo único que voy a ver va a ser los dibujos cubriendo los edificios. Me planteo montar un escrache.

 

Harto de andamios decido ir a el Retiro, allí sería muy difícil encontrarme con uno. Pero hoy no era mi día… Llego a la zona esa de las barcas a remos y me encuentro con esta estampa.

 

Ya cabreado me meto más adentro en el parque y decido relajarme tocando el ukulele. Lo cierto es que con estas vistas todo fue muy gratificante y me pude preparar para cualquier andamio que se me cruzara.

Con las pilas recargadas vuelvo para Sol pero por el Congreso de los Diputados. Por suerte allí no había ningún andamio. Sería incongruente que alguien trabajara en ese edificio.

Al llegar a Sol prosigo hasta el Palacio de Oriente. Allí si que no se verá a nadie trabajando no por casualidad. Pero al menos te deja una bella escena, una inútil y ostentosa bella escena.

Una vez visto la pequeña casa de nuestro rey, vuelvo a Sol, una vez más. Esta vez pasando por la Plaza Mayor a tomarme un café con leche.

De allí metro hasta el aeropuerto. Donde deambuló un poco buscando un sitio donde enchufar el móvil. No voy a coger un vuelo, si no un bus, que por la mañana me dejara en Barcelona. Decido salir un poco antes al andén, para ir sobre seguro. Pero al parecer, el conductor no pensó lo mismo y llego media hora tarde.

Una vez allí entramos e intentó buscar un par de testigos que me firmen. Al lado solo tengo una china, así que intento preguntarle si puede firmarme. Después de 10 minutos explicándole de que se trata al final me echa una firmita, aunque creo que no llegó a entender muy bien de que se trataba. Podría haber preguntado a otro al ver que no entendía, pero cuando ya le has puesto tanto esfuerzo sientes la necesidad de que al menos no sea en vano.

Con la mala noche que pasé en el coche, junto la fiesta y la siesta en la terminal, me pude quedar dormido con facilidad. No como para dormir del tirón, cosa imposible en un bus, pero si como para hacer muy ameno el viaje a Barcelona.