Ponemos el turbo. Francia, Luxemburgo y Brugge en 24 horas.

Después de esperar al BlaBlaCar decido ir a comprar algo de comida antes de que llegué, pero es justo cuando llego al centro comercial cuando me llama. Me dice que esta en el aparcamiento, lo malo es que media ciudad es parking, así que intentamos concretar el lugar. Ahí se destapó un problema gordo, el idioma. Ella solo habla francés y su acompañante parece ser que aún entiende menos el inglés. Finalmente con la palabra McDonalds nos entendemos y quedamos allí.

El viaje se iba a hacer tedioso por el tema de la comunicación. Al principio las vistas por el puerto de montaña eran preciosas y aunque no se mediara palabra fue realmente entretenido. Al allanarse el camino y hacerse más monótono, no tardé mucho en quedarme dormido. Ya se convierte en tradición.

 

Despierto en Toulouse, en pleno centro con un atasco importante. Eso generaba bastante estrés en la conductora, así que intento que, rápidamente, me firme como testigo para el Récord Guinness. Me echa la firmita y me deja en la estación de tren. Tengo 2 horas para ver algo de la ciudad y grabar algún video, aunque al final entre la nostalgia y el llevar la mochila a cuestas, con una hora tuve suficiente.

 

Llega el tren y voy para entrar. Hay mucha mas gente que la otra vez que lo cogí, hecho que relato en mi libro. Quizá se deba a que esta vez voy en pleno verano y eso me fastidia. Hace un año me costó un euro el viaje a París, pero esta vez solo había billetes para las camas. Así que 32 € por una cama en un compartimento con 5 camas más. El agobio y la calor eran importantes.

 

Llegamos muy temprano a París. Debemos de coger el metro para cambiar de estación. Al llegar casi todo esta cerrado, es un problema ya que para el tren que debo coger debo reservar. Aunque el problema acaba siendo una bendición, ya que me dejan entrar sin reserva, de gratis.

En menos de dos horas ya estoy en Luxemburgo, mi quinto país. Se trata de una ciudad con arquitectura francesa, aunque más limpio y cuidado que París. Tiene encanto, no tiene monumentos enormes e impresionantes, pero si que son bellos. La historia de la ciudad es más que nada militar. Se dice que era la Gibraltar del norte, ya que su fortaleza era casi inexpugnable. Finalmente por un tratado entre las grandes potencias, se decidió desmantelar el fuerte debido a su gran poder militar.

Captura de una parte de la ciudad.

Mientras visito la ciudad me salta Couchsurfing, deseaba que fuera un host aceptando mi solicitud para quedarme en su casa, pero no. Se trata de una función para quedar con gente y un taiwanes me preguntaba si quería ir a tomar algo. Acepto y a los 20 minutos estábamos tomando una cerveza en un parque, mientras me explicaba un poco como era su vida en Luxemburgo.

 

Terminamos la birra y se va para su casa. Yo prosigo con la Expedición, grabo un poco y me dirijo para el siguiente país, Bélgica. Tenemos un problema con el hospedaje, nadie ha aceptado mis solicitudes. Mi plan es ir a Brugge, muy cerca de la costa, así que por qué no dormir en la playa. Al llegar a Bruselas la idea se me va de la cabeza. Llueve, y el mayor problema es que todas las pruebas para el Récord Guinness se podrían ir al carajo. Envío solicitudes a la desesperada y a todos los pueblos de Flandes. Pero nada. Finalmente prosigo con el plan de ir a Brugge.

 

Llegamos a la preciosa ciudad de Brugge y seguimos algo dubitativos con dónde dormir. Empieza a anochecer, chispear y decido meterme en un albergue. Busco el más barato en internet y voy para allá. Pregunto para dormir y me dicen que no hay lugar. Intento insistir un poco, pero nada, me dice que pruebe en otro. Pregunto en el siguiente y nada. El alba se acerca y cada vez llueve más. Cielo y esperanza se van oscureciendo sin saber bien bien donde dormir.

Viaje a Andorra con mis buenos amigos

El viaje empezará con mucho estrés. Venía de Madrid en autobús y me dejó en Barcelona a las 6. Estuve deambulando por allí y yendo a consulados a preguntar sobre pasaportes. Finalmente llegaría a casa sobre la 1.

Sí, después de un mes y pico fuera de casa haría una parada de una tarde, para rellenar más mi mochila y prepararme para los 3 años de expedición. Llegué a la una y quise hacer muchas cosas a la vez. La preparación para el viaje ya era mucha: preparar la mochila (comprobando que toda la ropa me fuera bien), preparar el portátil (no tenía Office ni nada), pelarme, preparar las pruebas de testigo para el Récord, cambiar algunas cosas de la página web que no pude hacer antes por ausencia de ordenador, etc.

Pues no contento con eso, me comunico con algunos amigos con los que hacía algunas pachangas de baloncesto. Se me ocurre la idea de preparar un partido benéfico, a lo cutre, jugando unos ocho y cada vez que uno perdiera un partidillo debía donar un € a MSF. Al final solo lo hizo la mitad, pero lo cierto es que eso organizar todo eso y jugarlo casi me llevó toda la tarde. Continuar leyendo “Viaje a Andorra con mis buenos amigos”

Viaje a Barcelona con parada en Madrid

El despertador me sonaba en medio de la terminal. El alcohol consiguió dormirme casi al instante, y bien a gusto que estaba. Me levanto y me voy para la puerta. Me llega un mensaje del BlaBlaCar que me lleva a Madrid, diciendo que ya están allí. Después de un rato buscando los encuentro.

Allí estaban, una pareja y una chica que también venía del BlaBlaCar. La pareja era, digamos, hippie. Con el aspecto algo dejado y el coche aún más, el chico intentaba hacernos espacio a los de BlaBlaCar. El maletero estaba a reventar de cosas. Iba sacándolas y metiéndolas en el asiento del copiloto, donde por sorpresa apareció un perro que se portó de maravilla todo el viaje. La novia se va a por el vuelo que tenía que coger y nos quedamos allí esperando a que el chaval haga sitio.

 

Finalmente lo conseguimos. Aunque debo ir con parte de mi equipaje encima porque no entra en el maletero. Nos vamos de viaje y enseguida me quedo frito. No sin antes darle mi móvil al chico para que use el GPS.

Al final me despierto sobre las 12, hora en la que deberíamos haber llegado ya a Madrid. Pero no ha sido así, ya me parecía demasiado optimista esa predicción. Ahí empiezo a conocer un poco a mis acompañantes. La chica es portuguesa y va a Madrid a estudiar, algo relacionado con el arte. El conductor es un italiano que va pululando por el mundo, aunque no llegué a saber muy bien a que se dedica. De viajar aprendió el castellano y ahora nos llevaba con su perro a Madrid de camino a Valencia.

En cuanto los dos ya estamos un poco más despiertos, nos pide que le demos más dinero, que no se esperaba que el peaje fuera tan caro, y que siente llegar tarde. Al final llegamos a Madrid casi a las 2. La chica le da algo de dinero y se va corriendo, yo me quedo buscando el cargador del móvil que ha desaparecido.

No aparece, así que acompaño al italiano a que se haga una tarjeta SIM, y a la vuelta sigo buscando. Por suerte acaba apareciendo. Le digo que no tengo dinero pero que si quiere le invito a comer. Acepta y nos vamos a un 100 Montaditos que estaba al lado.

Después de comer me voy para la plaza del sol en metro. Salgo y me encuentro con esto.

 

Hay un andamio cubriéndolo todo. Hay que reconocer que al menos el andamio tiene pintada la fachada, no como en Santiago de Compostela. Pero igualmente… Nunca te lo perdonaré Carmena, nunca te lo perdonaré. Así que lo siguiente que hago es marcharme para el ayuntamiento a quejarme, cruzando la gran vía.

Llego hasta el ayuntamiento y adivinad. Los cabrones han puesto un andamio en ahí también. Me empiezo a enervar un poco, a ver si en España lo único que voy a ver va a ser los dibujos cubriendo los edificios. Me planteo montar un escrache.

 

Harto de andamios decido ir a el Retiro, allí sería muy difícil encontrarme con uno. Pero hoy no era mi día… Llego a la zona esa de las barcas a remos y me encuentro con esta estampa.

 

Ya cabreado me meto más adentro en el parque y decido relajarme tocando el ukulele. Lo cierto es que con estas vistas todo fue muy gratificante y me pude preparar para cualquier andamio que se me cruzara.

Con las pilas recargadas vuelvo para Sol pero por el Congreso de los Diputados. Por suerte allí no había ningún andamio. Sería incongruente que alguien trabajara en ese edificio.

Al llegar a Sol prosigo hasta el Palacio de Oriente. Allí si que no se verá a nadie trabajando no por casualidad. Pero al menos te deja una bella escena, una inútil y ostentosa bella escena.

Una vez visto la pequeña casa de nuestro rey, vuelvo a Sol, una vez más. Esta vez pasando por la Plaza Mayor a tomarme un café con leche.

De allí metro hasta el aeropuerto. Donde deambuló un poco buscando un sitio donde enchufar el móvil. No voy a coger un vuelo, si no un bus, que por la mañana me dejara en Barcelona. Decido salir un poco antes al andén, para ir sobre seguro. Pero al parecer, el conductor no pensó lo mismo y llego media hora tarde.

Una vez allí entramos e intentó buscar un par de testigos que me firmen. Al lado solo tengo una china, así que intento preguntarle si puede firmarme. Después de 10 minutos explicándole de que se trata al final me echa una firmita, aunque creo que no llegó a entender muy bien de que se trataba. Podría haber preguntado a otro al ver que no entendía, pero cuando ya le has puesto tanto esfuerzo sientes la necesidad de que al menos no sea en vano.

Con la mala noche que pasé en el coche, junto la fiesta y la siesta en la terminal, me pude quedar dormido con facilidad. No como para dormir del tirón, cosa imposible en un bus, pero si como para hacer muy ameno el viaje a Barcelona.

Último día en Oporto con Claudio (Mi segundo CS)

Después de un rato esperando en el lugar que me indicó, que me parecía malo para quedar, me llama Claudio, el Couchsurfer, algo irritado. Me pregunta si voy a venir o sino se va. Le intento decir donde estoy y me dice que baje y me acerque al metro. Allí estaba.

Se trata de un chico de unos 30 años que había vivido en Barcelona, por lo tanto podremos hablar cómodamente en castellano. Bueno, al menos yo.

Me lleva a su casa, algo a las afueras, donde tiene un perro guardián. Me dice que no salga del coche hasta que él me diga, porque sino el perro me podría morder. Yo obedezco sin dudar. A los dos minutos me dice que salga y entramos para dentro de una casa increíble.

Lo primero a destacar es el contraste con Joao. Estaba todo limpísimo y recogido. Lo segundo que era una pasada. No solo por ser grande y espacioso, lo que realmente me flipó fue su sótano. En él había un futbolín, mesa de billar que podía convertirse en mesa de ping pong, dardos, una habitación árabe para fumar cachimba, una barra con copas, etc.

 

Nos pasamos la noche jugando a todos los juegos que tenía, y le gané a todo en su propia casa. Aunque siendo honestos él tenía más mano con el billar.

 

Tampoco me acosté muy temprano ya que por la mañana tenía que irme temprano para pillar un Free Tour. Así descubrí la historia de esta magnífica ciudad. Siempre es una buena forma de conocer el lugar rápido y ameno, aunque muchas veces hay que saber ver que recomendaciones van con comisión.

Al terminar acabé comiendo con el del tour y unos cuantos más, pero no medié mucha palabra. Me recomendó irme al palacio de cristal y para allá que fui.

Palacio de cristal

Se trata de un gran parque con vistas a la zona más occidental de Porto, hasta poder llegar a ver el mar. Lo curioso es la cantidad de aves que pululan por allí, pavos reales, gallinas, etc. No es nada del otro mundo, pero realmente es un lugar tranquilo y bello.

 

Allí quedé con Claudio, donde hubo otro momento de confusión para encontrarnos y, una vez más, temeroso y hastiado me dijo que si de verdad iba a ir o si no se iba para casa. Al final lo encontré y nos fuimos a la otra parte de la rivera, a Gaya, donde hay estas increíbles vistas de Porto.

 

Allí decidimos ir a probar el vino de Porto, no me podía ir sin probarlo. Lo cierto es que era bastante caro, pero creí que era un verdadero sacrilegio no probar una copita por 3€.

 

Al terminar subimos al monasterio da serra do pilar para contemplar las vistas des de arriba. Mientras el sol empezaba a inundar el Duero, dejando a los barcos como pequeñas islas de sombra en un mar de luz, empezó la conversación más profunda. En la que hablamos de los sentimientos que aportaban los viajes, moverse y descubrir; acabando con las ganas de Claudio en salir con la mochila en la espalda; cosa que haría la semana que viene.

 

Se avecinaba la hora de cenar y Claudio había quedado con dos couchsurfers, una americana y una iraní. Fuimos al restaurante Mondo Novo cuyo menú nos costó 5€. Lo bueno es que las dos hablaban español, así que todos se acomodaban a mi idioma. Al principio no estaba mucho por la labor de comunicarme, pero según dejábamos la cena para que viniera la fiesta empecé a ser más sociable. Volvimos a la ribera y nos bebimos un cubalitro cada uno (por 2 €) admirando las vistas mientras que las conversaciones fluían cada vez más.

Luego nos fuimos cerca de clérigos, donde hay tres calles llenas de pubs y muy buen ambiente. Seguí bebiendo y según subía el alcohol más reggaetón ponían en el antro y más pesado me ponía perreando. Cuando bebo demasiado me pongo a hacer el tonto con esto y ahí estaba yo restregando el culo a Claudio y las dos chicas, mientras que yo me reía sin entender que era algo incomodo. Me encontré a unas catalanas con las que tenía un amigo en común y a un chaval con el que me hice amigo y con el que siempre me abrazaba. La siguiente foto engloba la situación

Las chicas y el chaval a la izquierda.

La razón por la que salíamos de fiesta era sencilla. Tenía un BlaBlaCar a las 5:30 en el aeropuerto. No había transporte público a esas horas que me llevara allí así que Claudio y yo alargamos la noche lo máximo posible para que me dejara en la terminal a esa hora. Aguantamos hasta las 3. De allí nos fuimos al coche donde un chaval nos preguntó que pasaría si nos intentara robar. Yo no me enteré mucho por el tema idioma, pero Claudio le retó y se fue. Por último acabé en la terminal piojillo e intentando dormir un poco.

 

 

Mi primer Couchsurfer

Para quien no lo sepa, Couchsurfing es una pagina web en el que viajeros y lugareños se ponen en contacto, donde los segundos le ofrecen hospedaje a los primeros, sin buscar nada más que un intercambio cultural y conocer a gente nueva. Es una muy buena forma de viajar, no por que sea muy barato, sino porque puedes adentrarte mucho más en la cultura de allá donde vayas, entendiendo las costumbres viviendolas como un local.

Casi una hora después de la hora acordad suena el teléfono. Un mensaje de Joao, el couchsurfer. Me avisa de que ya ha salido del trabajo y que vendrá para aquí. Mientras yo sigo en la avenida dos Aliados, sufriendo un poco la rasca. Pero al menos las vistas merecían la pena. Continuar leyendo “Mi primer Couchsurfer”

Primer día

Nos levantamos con la calma, a pesar de saber que no debo entretenerme. Tengo que llegar a las 12:30 en Dumbría. Un pueblo que está a unos 40 km de Fisterra. Solo había un bus muy temprano y otro que me dejaría un poco tarde de la hora. Así que mi pereza y ganas de dormir buscaron una alternativa, el autostop. Continuar leyendo “Primer día”