Cayendo por el desfiladero

Y no me imaginaba escribiendo esto… no creía que llegaría. Sentía el impulso, la necesidad de hacerlo, pero me refrenaba. Como si el escribir esto fuera aceptarlo. Fuera aceptar que mi corazón se abría de nuevo a ilusiones vacías, al precipicio de la inevitable caída, con las afiladas rocas de la decepción esperando en el fondo.

Pero no puedo evitarlo. Me encanta andar por el desfiladero, soñando con la bellas vistas, asomándome a lo que poco se ve, aunque no haya una mano que me sujete del inevitable tropiezo. Quizá creía tenerla, quizá soñaba tenerla, como un oasis en un desierto de conversaciones vacuas e insulsas.

Pero me enganche a ti. Me gustaban, y aún me gustan, nuestras conversaciones profundas, en las que nos abríamos el alma. Y desde una isla desierta desconecte del mundo entero menos de ti. Paseaba por la playa escuchándote hablar y, por primera vez en mucho tiempo, como si estuviera a solas con alguien. Desde la soledad física y la lejanía más grande posible, me sentí más cerca y acompañado que nunca.

Y después de un eternidad escuchando “no”, me encontraba un tímido “si” a cada esquina de tus verdes pensamientos. Quiero pensar que fue eso, no quiero ser el tonto que se engatusa con caracteres en una pantalla, con voces distintas y dispersas por las ondas.

Pero me torturo a mi mismo recordando conversaciones que me llenaban de un modo que casi había olvidado. Reteniendo ese poema en el que añorabas a aquel que te leía y agradeciendo de poder repetir mil veces la vez que me leíste. Desgarrándome con la nostalgia de esas mañanas que me despertaba con los pensamientos que te suscitaba durante el día. De cuando soñabas que te abrazaba y yo soñaba que tus sueños se realizaban.

Y la tortura más profunda no es recordar. Es ver como voy avanzando cada vez más rápido, más rápido que tú. Alejándome sin parar llegando a sitios que tú quizá ni llegues. Para valorar tus letras de tal manera que tú quizá nunca te plantees. Creando una distancia tan grande como falaz. Xk si en la otra punta del globo te sentí cerca, como nuestros dispares sentimientos no van a hacernos sentir lejos?

Y quizá ahora exagere y tan solo sea la duda la que me incite a recordarte. No sabíamos si en otras circunstancias hubiéramos conectado, pero ¿como hubiera sido todo si ahora no tuviéramos esa distancia insalvable?

Pero a la vez es bonito pensar, que sin que yo estuviera en las antípodas jamás te hubiera conocido. Es bonito pensar que si no hubiera sido por esta distancia implacable nunca nos hubiéramos sentido tan cerca. Es bonito pensar que gracias al no poder vernos he conectado con alguien maravilloso.

Y escribo haciendo todo grandilocuente. Porque se que no hay ese amor en mis palabras. ¿Como voy a enamorarme de alguien de quien jamás he visto su sonrisa? Pero no niego que me has dejado descolocado. Porque quien sabe, quizá de aquí tres años nos acordemos del otro. Quizá de aquí tres años hagamos todo aquello que queríamos hacernos. Quizá de aquí tres años nos reunamos bajo las mágicas luces de la aurora que nos deben, dándonos todos esos abrazos que nos prometimos. Porque si tan lejos nos sentimos cerca, ¿Como será el tenernos entre nuestros brazos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *