Conocemos Krakow

Después de un día largo visitando Brno y acomodandome a Krakow, tocaba un par de días para descubrir una ciudad de la que me habían hablado maravillas. Aún así el cansancio me hizo dormir buena parte de la mañana, llegando tarde al Tour por la ciudad. Así que decidí pasear un rato y ir por la tarde al Tour del Barrio Judío.

Lo primero fue entrar en la catedral. Hay dos puertas, una para los turistas y la otra para los feligreses. Obviamente la primera era de pago y la segunda gratuita. Entre por la segunda, pero iba con la mochila encima, ya que esa noche cambiaba de Couchsurfer, así que daba el canto demasiado. Me echaron a la primera.

  

Fui bajando por la calle principal, a lo que un chico me para preguntando si quiero ir a un club de striptease. Me impresionó lo directos que iban, pero yo iba a algo más placentero, aunque sin saberlo. Me subí al castillo de Krakow y allí me obligaron a dejar la mochila en el guardarropas. Era gratuito, lo que significaba que podía ir descargado hasta las 5, cuando el garito cerraba.

 

Después de visitar el castillo y alrededores tocaba volver a la plaza, con la mochila a cuestas. De Camino de vuelta visité una bonita isla barroca y a la salida, una chica, me vuelve a preguntar por si quiero ir al striptease. Ya me empieza a parecer raro.

La iglesia

Llego al Tour por el barrio judía, en el que básicamente se explica lo que hicieron los nazis y lo que hizo Spielberg años más tarde en ese mismo barrio, que paradójicamente le acabó dando vida. Un tour muy interesante, en el que tienes la oportunidad de hacerte una foto en una de las escenas de la Lista de Schlinder, donde el niño y la madre se esconden bajo unas escaleras cuando los nazis entran en el güetto a hacer limpieza.

Pero además el barrio judío alberga vida, muchos bares, tiendas de antigüedades y pubs tan raros como estos, en el que se entra a un armario para entrar a la sala.

 

El día termina yendo a casa de mi Couchsurfer. Se trata de Katia una chica rusa que esta viviendo en Krakow. Tuvimos una conversación muy interesante mientras cenábamos con una copa de vino y cantábamos algunas cosas con el ukelele.

Al día siguiente me fui a la Fábrica de Schlinder, bueno más bien el museo. Muy recomendable, donde se vive la historia un poco más y ver como era el lugar por aquél entonces. Aunque la idea principal de museo era esta.

Después volví al barrio judío donde me comí un Zapiekanka. Creo que es lo más típico de allí y vale realmente la pena. Por un par de euros tienes este pedazo pan con champiñones, queso y todo lo que le quieras echar. Una autentica bomba muy rica (y mira que no me gustan los champiñones) que os dejará bien llenos.

Zapiekanka

Por último me fui con un chico que conocí en el tour al “Propaganda”. Un bar, también en el barrio judío, que vale la pena visitar por la cantidad de cosas que tienen de la era soviética. Además que la música punk está muy guay. Aunque cuidado con pasarse de husmeador. Me dio por ver que había bajo una escaleras y me encontré con una timba de poker típica de las películas. Tenía toda la pinta de ilegal, pero solo con las miradas que me echó toda la mesa tuve suficiente como para dar media vuelta e irme.

Ya solo nos quedaba un día más y lo cierto es que pasé la gran parte de este trabajando en mis cosas. Por la tarde quedé con Inés, una chica que también conocí en el Tour, para tomar una cerveza antes de coger el bus camino a Dinamarca.

Me animó a salir de fiesta esa noche con ella y sus compañeras de Erasmus. No sabía muy bien si animarme así que fui responsable y me fui a la estación de buses. Pero allí me dijeron que no había sitio y que debía esperar al de la mañana. Así que la excusa perfecta para pegarse una fiesta.

Fui a comer algo comprado del super y me pasee por las calles que rebosaban cultura. El día anterior había una obra de teatro y hoy estaba llena de bandas buenísimas. Me venía arriba y tenía la ubicación de la fiesta. Así que para allí iba cargando todos mis tratos e ilusionado.

 

Pero me encontré que la ubicación llevaba a un lugar perdido. Así que intenté contactar con Inés pero nada, no respondía. Mi plan era ir de fiesta toda la noche y luego coger el bus, al fin y al cabo eran 18 horas de viaje, ¿qué mejor que pasarlas durmiendo? Así que seguí con el plan, aunque con algo de bajona. Me metí en un pub metido en un sótano y empecé a beber una cerveza con mi mochila alrededor. Al final entable alguna conversación con los locales, hasta que Inés me envió el nombre de la discoteca a la que iban. Termino la cerveza y para allá voy.

Me presento en una discoteca algo presentable, ya no se trata de un pub cualquiera, así que se exige algún mínimo de elegancia, cosa que desposeía por completo. Iba con las pintas de tirado, con la mochila encima y una segunda bolsa algo echa polvo con lo que necesitaba más a mano. Los seguratas me miraron, pero les entró tanto la risa que me dejaron entrar.

Algo así serían las pintas

Allí me encontré con las chicas y estuvimos bebiendo, bailando y hablando un rato hasta ir al próximo bar. Allí no hubo la suerte de que me dejaran entrar con todo encima, pero por suerte dos de las chicas volvían al piso y me invitaron a dormir allí. Siendo esas las últimas horas en la maravillosa ciudad de Krakow.           .

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