Conocemos Serbia, conocemos Belgrado.

Salimos de Zagreb, dirección Belgrado, después de haber vuelto de Split y habernos quedado enamorados de Croacia. El viaje duró 6 horas, parece mucho para los escasos 200 km que separan Belgrado de la capital croata, pero empezaba a conocer los transportes de los balcanes, y que llegara 10 minutos tarde era todo un logro.

Llegamos a Belgrado y lo primero que me encuentro es con unos bloques de piso realmente decadentes. Daba una visión muy distinta a la deslumbrante Europa que había visto hasta ahora. Pero lo mejor era que al avanzar un poco te encontrabas edificios majestuosos, o simplemente muy bien cuidados, que daban unos contrastes increíbles.

 

Quedamos en el Hotel Moscú con nuestro CS, Vladimir. Me cuenta un poco la cultura Serbia y lo que me doy cuenta es la cantidad de heridas que hay sin cerrar. Quizá jamás se han intentado cerrar, pero aún hay recelos entre las distintas repúblicas de la antigua Yugoslavia. Pero también me muestra el lado más animado de Belgrado, donde en cada terraza hay una banda tocando, una locura ensordecedora pero que da muy buena vibra.

 

Llegamos a su apartamento, que consta tan solo de una habitación y baño, pero suficiente para descansar. Lo presento en este video, donde, a pesar de que les aviso de la pregunta que les voy a hacer, siempre los pillo desprevenidos. Al final siempre acaban haciéndome la pelota.

 

Al día siguiente quedo con una CS que no pudo hospedarme, pero que quería enseñarme lugares. Lo primero fue ir al Danubio, paseando por el paseo hasta subir a una torre con unas bellas vistas de toda la ciudad.

 

Después fuimos a una isla en medio del río a relajarnos un poco, hay que decir que yo iba con la mochila todo el día y necesitaba descanso. Pero poco me dio, luego nos fuimos a la otra punta de la ciudad a ver un templo ortodoxo, por fuera muy imponente, pero por dentro una decepción ya que aún estaba en construcción. Aún así había una cripta subterránea bastante chula.

La pedazo cripta

Al despedirnos contacté con el Couchsurfer para esa noche, Juan Carlos, un mejicano que estaba viviendo en Belgrado trabajando de programador. Enseguida me trató fenomenal. Nos fuimos a un restaurante donde me invitó a una cerveza y pidió un plato con distintas carnes a la brasa, que no dudó en compartir conmigo.

 

Él quería que probara todo de allí, hasta tal punto que fuimos a un supermercado y se puso a comprar todo lo que creía que debía probar.  Un ejemplo fue la Cockta, la Cocacola que salió en la Yugoslavia comunista. Lo cierto es que estaba más rica, menos dulce y con un sabor más consistente.

 

Finalmente me quedé una noche más y descubrí algo inquietante. El Danubio deja muchos mosquitos por la ciudad de Belgrado, así que directamente fumigan la ciudad. Pasa una furgoneta echando insecticida a bocajarro. Y al lado restaurantes, tiendas, etc. Pero bueno, si aún no se habían extinguido los serbios será por algo.

 

Por la mañana siguiente salimos temprano a la estación. Bastante más temprano que la hora de salida del bus. No porque sea muy previsor, sino porque justamente llegaba a Belgrado mi buen amigo Fernando, en una aventura más de ViajaZero, blog donde comparte sus viajes a dedo. Lo conocí en el Camino de Santiago, con quien compartí grandes momentos y siempre es un placer pasar tiempo con él y conocer sus increíbles aventuras.

Mi buen amigo Fernando

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