Conociendo la vida en Chisináu, (y su fiesta)

Después de pasar toda el día pateándonos Chisináu, nos encontramos con nuestro Couchsurfer, Serghei. Se trata de un chico alto y corpulento, muy animado y simpático.

Nos vamos para su piso en un autobús viejo y algo destartalado. Pero lo increíblemente bueno es su precio. Menos de 10 céntimos. Aunque el nivel de vida allí sea más barato, sigue siendo una ganga para ellos coger el bus.

Llegamos al piso de Serghei, un piso de corte comunista y bastante dejado. Con algunas grietas en las paredes y en las escaleras, además de un pequeño ascensor que nunca confías mucho de que llegue hasta arriba. En el apartamento nos esperaba su compañero, un jugador profesional de poker online. No ganaba mucho, pero le daba para tomárselo como un trabajo e incluso ganó una entrada a un torneo de Casino con todos los gastos pagados.

Preparamos algo de cena, ellos comida moldava, yo patatas bravas. Al terminar pasamos la noche jugando divertida y relajadamente a juegos de mesa. Empezando con el catan y acabando por juegos que desconocía totalmente.

El día siguiente me paso el día trabajando, preparando mis visados para el transiberiano y preparando el blog. Tan solo salgo para comer con el compañero de Serghei, en el sitio más barato de Chisináu; el comedor de la universidad. Donde para hacer las facturas usaban esta calculadora.

  

Llegaba la noche y con ella la hora de irme. Pero antes me pedían un favor, que tocara cumpleaños feliz con el uke para una amiga suya. Allí que vamos y me voy para el bar donde todo el mundo me trata fenomenal. Incluso me invitan a una birra. Con el recibimiento y la fiesta que se avecinaba me es imposible abandonar Chisináu así que me quedo una noche más.

 

La noche empieza yendo a un bar a tomar una copa, algo pijillo. Pero enseguida nos vamos al realmente cutre. Uno metido en un sótano, con una gramola, cuatro mesas y dos borrachos. Juntamos las dos mesas y empezamos a beber vodka. Con la poca vista que yo bebía en todas las rondas.

Pero el cuerpo aguantaba bien, así que nos fuimos para el pub. Hay que decir que yo en todo momento iba con la mochila a cuestas, ya que me iba a marchar desde el primer bar. Así que fue un poco difícil entrar a uno.

Estas eran las pintas

Lo conseguimos y lo que más me sorprendió es como la gente lo daba todo bailando en la pista. Pero eso me aburría bastante, ya que la música no me iba bastante. Así que entre 3 o 4 empezamos a decir que yo era hijo de un rico árabe y que estaba buscando una mujer solo para conseguir los papeles, nada más. Una empezó a tener dudas, ya que ofrecía dinero por casarse conmigo, así que le dimos la turra a pesar de que tuviera novio. Hasta el punto de en medio de la discoteca hacer un corro para que yo fingiera pedirle matrimonio. En fin el alcohol empezaba a hacer mella.

 

Y vaya si lo hizo. Los chupitos eran muy baratos y yo, cada vez que me aburría un poco me iba a la barra, y sin conocimiento alguno… porque una vez pedía whisky, otra jagger, otra un gyntonic, etc. Hasta que llegó el momento del parón y entonces toda mi cabeza empezó a dar vueltas. Así que decidí quedarme frito en una silla. Hasta que el jugador de poker me despertó. Ahí mi estomago no pudo aguantar las vueltas que daba la cabeza y expulsó el veneno.

Así volvimos para casa, durmiendo en el taxi y saludando dos veces al mismo. Eso pasa por seguirles el ritmo con su vodka malo. Debería ir a la sección de consejos. El domingo siguiente fue domingo de resaca, aunque sorprendentemente yo era el que me encontraba mejor.

Ya por la noche Serghei me acompañó a coger el bus con destino a Kiev, Ucrania.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *