Decidir qué estudiar, una pregunta mal planteada

Me gustaría plantear algo, que a mi parecer, no se ha meditado mucho en España. Se trata del paso del instituto a la universidad. No de la etapa de adaptación a la universidad ni nada de eso. Sino el simple hecho de pasar del Bachillerato a la universidad y el gran problema, la elección de una carrera.

Lo sé, todo el mundo se ha repensado mil veces qué estudiar, así que no estoy presentando nada nuevo. Ya en la ESO empiezan a marcar las preferencias hacia letras o números. En el Bachillerato se especifica un poco más. Hasta llegar a la universidad donde el alumno se encuentra con un mar de posibilidades que abruman y agobian.

Hay quien ya lo tiene claro desde el principio, que desde que tuvo uso de conocimiento tenía claro a que dedicarse. Pero muchos otros no, tenemos vagas ideas de lo que nos gusta, pero hablamos de hobbies no de una carrera profesional.

Así que ese grupo algo más indeciso se rebate en una decisión a contrarreloj para escoger que carrera estudiar, en que materias pasar sus próximos 4 años, o más si estudia postgrado, para luego dedicarse una vida entera a ello, si hay suerte. Y mientras la fecha se acerca, algunos escogen precipitadamente. Otros deben escoger algo que no querían, ya que la nota no les llega; y a nadie le entra en mente perder algo más de tiempo en conseguir esos conocimientos que la carrera que deseas te exige.

Es que és así. La educación, a veces, parece más una carrera que un aprendizaje. Una carrera de obstáculos que debes ir pasando y sin perder tiempo, hay que llegar a la meta en el momento indicado, no importa si al final has aprendido a saltar las vallas y algunos las habrán pasado haciendo trampas. Llega al final que se te entregara tu diploma, eso es lo importante.

Así que nos encontramos con chicas y chicos de 17 y 18 años decidiendo sobre su futuro, una decisión con fecha límite. Luego nos encontramos con muchísima gente que abandona la carrera al primer o segundo año, y nunca es por la dificultad. Es por que no és lo suyo. Esos chicos, por no perder tiempo, acaban perdiendo un año o dos de su vida, una importante suma económica (más la parte que paga el estado, todos) y la ilusión por aprender y estudiar.

Y el problema no va con que la fecha sea muy temprana o muy tardía. Al fin y al cabo, los años de Bachillerato todo el mundo se las pasa replanteándose una y otra vez que estudiar. Pero parece que hay que escoger la mejor opción, no tu opción. Porque no sabemos que opción es la nuestra, la que realmente deseamos.

¿Como queréis que unos críos de 17 y 18 años, que su vida se ha reducido a ir al colegio y al instituto, sepan que quieren hacer. Habrá quien sí, pero otros que necesiten experiencias distintas para entender el mundo y el papel que quieren desencadenar en él.

Quizá yo no sea el mejor ejemplo, ya que después de dejarlo y viajar no me decidí por ninguna carrera ni profesión a la que me quiera dedicar. Y aún no la sé, aunque tengo más claro que nunca, qué no quiero ejercer.

Pero quitando mi ejemplo, hablemos de Suecia o Finlandia. Nos encanta elogiar su sistema educativo y muchas veces se exige seguirlo. Pero todo el mundo se olvida de lo que pasa antes de empezar la universidad. La gran mayoría de ellos se toman un tiempo de reflexión, ya sea viajando, trabajando en el extranjero o aprendiendo idiomas. Me he encontrado con muchísimos y ellos no conocen a casi nadie que no haga algo parecido.

No hablamos de perder un año tumbado en casa. Hablamos de un año para experimentar el mundo y salir de las paredes del instituto que durante años han amurallado nuestro conocimiento. Vivir en nuevos lugares, conocer nuevas costumbres, salir del confort, saber que es pasar hambre y miseria, aprender nuevos idiomas, desenvolverse en situaciones adversas.

Seguramente la respuesta no sea una profesión clara, solo el saber como quieres que sea tu vida o quien quieres ser, más allá de qué quieres ser. Quizá descubres que no necesitas mucho para vivir y que con un trabajo tranquilo tienes suficiente, quizá entiendes que quieres ayudar a los demás y buscas algo concorde a ello, quizá que quieres ser una persona que viva de comunicarse con los demás, o simplemente que no quieres que te falte de nada.

Aunque también uno puede encontrar su verdadera vocación y no será gracias a la suerte. Será gracias a que ha salido a conocerse y a conocer el mundo que le rodea, a saber como quiere participar en este globo cambiante.

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