Destruyendo la pureza

Pura e Impoluta. Hoja blanca sobre la que plasmar arte, se ve ensuciada por las oscuras y negras palabras de mi alma.
Destruyendo la limpieza, la perfección y la posibilidad infinita de crear belleza pura. Derrocada por las letras vacuas de un corazón que tan solo le habla a la pureza que, trazo tras trazo, va matando. Agonizando, brilla entre los contornos de las frases que hieren a quien les da vida.

Pero a pesar del dolor la hoja sigue, con la ilusión intacta. De que la siguiente frase contenga hermosa poesía , de que un pincel acaricie su lisa piel para crear un bello paisaje, de que un sello se estampe fuerte e impune para crear historia, de que antes que el tiempo descomponga su ser, poder albergar arte.

Y mientras, vacila sobre el dolor de cada palabra. Cree no darle importancia. Aunque para siempre formará parte de su ser. Cada vez que aparece una M, ensueña con que sea Minerva. Cada V le hace brillar, ilusionado en que Venus pueda aparecer. Con cada A se deleita imaginando a Afrodita llegar.

Mientras Va Mirando A la Muerte Venir. Valiente se Miente A si Mismo. Aguanta Vocablo tras Vocablo, A la Vida Vencedora, sin Atisbo de Venganza, Manteniendo el Alma intacta, o intentándolo. Si pudo resistir a aquella errata que casi lo mata, porque la “AMAVA”, podría resistir a todo, o eso pensaba.

Pero cada letra apuñalaba lentamente sus ilusiones. No quería ser un magnífico papel de alto gramaje, formar parte de un caro libro o no ser nunca destruido. Quería ser mundano, que cada letra se deleitara en su alma abierta a todo el que pasara. Aceptaba ser pisoteado, arrugado, manchado. Solo quería saber que era tener una vida llena de poesía, sin importar que jamas nadie llegara a verle.

Pero cada letra lentamente le mataba. Por dentro seguía ilusionándose vívidamente con cada Mina, cada Vero o cada Rita. Pero cada palabra le abatía por dentro. Hacia como si nada, intentaba mantenerse lo más brillante posible, siguiendo abierto a que el arte entrara en su ser. Agradeciendo cada Dafne, cada Eros. Disfrutando cada Manet como si fuera un Monet. Como pequeñas luces que le ayudan a brillar en la oscuridad de las palabras vacuas.

Pero cada garabato le afectaba. Aunque se mantuviera firme, se acumulaban ante su pureza. Y cuando las palabras golpeaban fuerte su ilusión, resistía creyendo no poder con el siguiente. Pero un mero verso de Bukowski le hacía volver a brillar, y dejar su corazón y pureza abierta, a la siguiente palabra que le apuñalaría.

Poco a poco sangraba tinta. No sabía si una pequeña palabra acabaría con su limpieza, o sería la ilusión de la siguiente Vanesa la que acabaría con él; desgarrando sus pocas fuerzas para brillar, acabando ennegrecido y con jirones en un baúl perdido, o arrugado en la papelera de lo que pudo ser y no fue.

Y después de una triste palabra, se preguntaba porque seguir buscando. Por qué seguir intentando buscar una poesía que todo lo pudiera valer. Por qué dar todo su ser por cada cruz vacía de cualquier Tápias. Vale la pena seguir compartiendo tu lienzo con la esperanza de una firma de Machado o de Delacroix? Por qué te ilusiona cualquier ola, deseando que sea el suave pincel de William Turner? Quizá ese ansiado, calmado y precioso mar te lleve plácidamente mientras deshace, balanceándose lentamente al ritmo del viento, tus magulladuras y sucias letras, pero junto a él tu pureza que brillaba con cada Mirada, cada Vuelo y cada Amor.

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