Fin de semana en las montañas de Macedonia.

Llegábamos a Skopje, capital de Macedonia, a las 5 de la mañana, después de una noche muy dura cruzando la frontera con Albania. Tenía un Couchsurfer que me ofreció ir a la montaña, donde tenía un evento de mountain bike, y me invitaba a acompañarlo. Primero decidí dormir un poco en la estación y luego aceptar.

 

Me pasó a buscar en un camión 4×4 que llevaba por sus viajes en África, sobretodo en Yibuti. Se trata de Ali, un paquistaní que sirvió en el ejercito francés y que ahora se dedica a organizar viajes a África. No habla mucho inglés, así que me quedo dormido pronto y despierto ya en las montañas.

 

El paisaje empezaba a prometer, pero gracias a su camión podemos coger senderos distintos. Llegamos a la parte más alta, donde todo es prado que ahora reposaba de las nieves de invierno. La vista maravillosa.

 

Pero ir por ese camino significaba salir por otro más complicado. Empezamos a coger un sendero muy mal cuidado, incluso para las bicis sería un reto. Pero disponíamos del coche adecuado y realmente fue divertido; aunque el vídeo quedara algo movidito.

 

Finalmente llegamos a casa de su amigo Petar, un antiguo diplomático yugoslavo y posteriormente macedonio, que ahora vivía retirado en medio de la montaña. Con la tranquilidad de tener un par de vecinos y una paz absoluta.

 

La primera noche yo lo paso en su casa y Ali duerme en su coche, a pesar de que su amigo le ofreciera mil veces una cama. Aún así la velada es muy agradable, cenamos juntos y acabamos tocando Petar y yo un poco guitarra y ukulele.

Al día siguiente vamos a revisar el circuito para las bicis colgando algunos carteles. Al final solo acabamos haciendo la primera parte, ya que íbamos andando y no se muy bien como hicieron el resto.

Monumento a la resistencia macedonia contra la ocupación nazi.

Al volver ya empezaban a llegar algunos participantes y se acomodaban en el lugar. Resulta que todo el que llegaba allí tenía cerveza y comida gratis. Cuando descubrí eso fue el paraíso. A pesar de no llegar a entenderme mucho con la gente lo pasé en grande.

Ese mismo día llegó la familia de Petar y tampoco me entendí mucho con ellos. Quizá no estuviera muy comunicativo, aunque yo creo que ellos no entendían mi ingles. No lo hablaban mal pero a veces me embalo y la gente no me entiende.

Camino a casa de Petar

Con la familia presente Ali y yo dormimos fuera. Él metido en el coche y yo en una hamaca fuera, tapiado con un edredón y una comodidad sorprendente. En mitad de la noche se escucha el becerro de una vaca y poco a poco va acercándose. Finalmente noto la respiración en mi espalda y de golpe me lame el lomo. Por suerte, tan ataviado con mantas no noté nada y al parecer ella tampoco ya que se fue. Sobre las 6 de la mañana empezó a llover y recogimos rápido. Por eso no aparece la hamaca en la foto pero iba apoyada del árbol a una de las barras que sujetan la rueda de repuesto.

Aquí dormimos.

Al día siguiente empezó la carrero e hice mi primera entrada explicando como veía las cosas. Nunca me llegué a sentir muy dentro del grupo y no sabía su era su forma de ser o que realmente me aguantaban de forma forzada.

 

La carrera empieza y no lleva nada de épica. Ali y Petar se van a ayudar a la organización y yo me quedo con su familia paseando. Por suerte había una chica joven, nieta de Petar supongo, con la que pude hablar un poco más. Aunque los interesantes eran sus padres que habían recorrido casi toda Europa a dedo.

Finalmente van llegando los ciclistas y empieza la celebración. Con música tradicional macedonia tres chicos empiezan a tocar y dos ancianos, que ayudaron en la organización, se pusieron a bailar quizá por la emoción o quizá por la embriaguez, pero yo no he visto baile más soso y a la vez sentido en mi vida.

 

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