Giada nos acoge en Bolonia para poder visitar San Marino

Salimos de Roma dirección Bolonia. Allí nos espera Giada, una amiga de mi segundo Camino, con quien no compartí muchos momentos y tampoco seguí en contacto con ella. Aún así le pregunté si tenía lugar y no dudó en ofrecerme sitio.

Llego a Bolonia algo temprano, había quedado a las 5 con ella. Así que aprovecho para verla un poco. Lo primero que me alucina es la cantidad de años que hay, luego me confirmarán que es la ciudad que más posee.

Algunos de sus arcos

Me voy paseando y descubriendo lo maravillosa que es. Me encanta cuando no tienes ni idea de lo que te espera, cualquier cosa es buena. Pero la ciudad valía la pena. Y eso que ni tan siquiera me dejaron entrar en la Basílica de San Petronio, por culpa de la mochila.

Basílica de San Pretorio

Aproveché para tocar un rato el uke en la sombra y busqué una heladería recomendada por Giada. Por desgracia estaba cerrada. Así que me voy volviendo, esta vez pasando por las dos torres, que están inclinadas y da más cosica que la torre de Pisa, y cuesta más de grabar como podéis ver.

 

A la hora quedada llego a la estación, y después de unos minutos buscándonos, la veo al otro lado de la calle. Al reconocerme le invade una alegría que me asombra y cruza la calle corriendo con los brazos abiertos. Me abraza sinceramente, y con ello, todas la poca afinidad que creía tener con ella desaparecen, para sentirla como una real, buena y vieja amiga.

 

Cenamos su novio, ella y yo. Mientras sus 6 gatos pululan por allí. Al terminar no me quitan el gusanillo del helado, me llevan a una buenísima heladería y encima… ¡me invita!

Giada y su novio

Luego nos vamos a ver unos amigos suyos en la terraza de un bar. O eso creo porque allí nadie consumía nada. Jugamos un rato a cartas y al intruso. Me sentí enseguida acogido y dentro del grupo, a pesar de los problemas con el idioma. Eran todos parejas menos Federica, que tenía el novio en otro sitio y iba acompañada de un adorable cachorro.

Foto mal hecha del momento

A la mañana siguiente me voy rumbo a San Marino. Primero debo coger un tren que me lleve a la cuidad costera de Rimini. De allí un bus a el estado de las tres torres. Del viaje hay que destacar lo que me costó hacer la banderita del país para el vídeo.

Llegamos arriba y me encuentro con un paisaje increíble. El estado posee unas vistas envidiables de toda la llanura hasta llegar al mar. Pasearse de torre en torre es una auténtica gozada y transportándote cada instante a una época medieval.

San Marino

Pero el país lo terminó pronto, así que en unas horas ya estoy con el bus colina abajo. No antes de quedarme frito en el asiento y despertarme en Rimini casi de milagro.

 

Llego por la noche y Giada me vuelve a invitar a cenar, ya que el tren salía bastante tarde. Le doy un par de pegatinas a Giada, la bandera de Italia firmada y un sincero abrazo de agradecimiento. El calor y amor con el que me acogió no tiene precio.

La dama y el vagabundo

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