Llegamos a Bielorrusia, la última dictadura de Europa.

Después de haber dormido a penas media hora en el aeropuerto de Kiev, cogemos un vuelo a las 6 de la mañana que nos llevará a Minsk, la capital de Bielorrusia; la última dictadura de Europa. 

Llegamos pronto y sin saber aún muy bien donde dormir. Habíamos recibido el mensaje de Dima, un Couchsurfer que hablaba español, pero aún no había contestado a mi mensaje confirmando su invitación. Aún así lo primero fue pasar inmigración. Lo único que me faltaba era el seguro médico, que por unos 4€ lo pude contratar allí mismo.

Conseguimos hablar con una amiga/compañera de piso de Dima, que también habla español. Al final va hablar todo el mundo español en Bielorrusia. Con la dirección en el móvil salgo del aeropuerto, aunque algo perdido en donde bajar con el bus. Intento hablar con varios conductores pero todos sin saber como ayudarme, además del problema del idioma. Finalmente conseguimos coger el adecuado y nos vamos medio dormidos mientras observamos algunos aviones raros expuestos en el camino de salida.

 

Llegamos al piso y allí me recibe la amiga y su novio. Hablamos un rato y comemos algo. Con ella hablo en español y con el novio en inglés, pero no me entiende mucho. Así que la conversación era un poco seca. Finalmente pasmaos el rato echando unos Fifas hasta que llega Dima.

Se trata de un chico muy alegre y animado. No tarda en sacar su guitarra y tocar alguna cosa. Después viene una amiga suya que conocía mi pueblo. Al parecer estuvo muy cerca de allí y al hacer memoria recuerdo de una pareja de Bielorrusia que me pregunto para estar en mi casa en Couchsurfing. Nunca había tenido una solicitud y les dije que sí, pero al parecer ya tenían otro host. La casualidad de que esa chica era ella, que un año después me la encontraba en Bielorrusia.

 

Los dos días siguientes me los pasé en casa trabajando, así que vi poco. Como mucho dí una vuelta por el barrio, pero no era más que un cúmulo de bloques comunistas muy altos, dando espacio a muchos jardines y zonas de descanso. Eso mezclado con algún fifa y chupito de vodka por la noche. Sí, Dima siempre sacaba el vodka.

 

El penúltimo día Dima dejaba su trabajo, así que tocaba algo de fiesta. Aunque entendía por fiesta ir al súper, comprar Vodka y beber. Beber en la calle es ilegal en Bielorrusia, y siendo una dictadura no hace mucha gracia, pero el trabajo de Dima era entrenar soldados y policias, y aseguraba que sabía como tratarlos. Empezamos a beber en un parque y le empecé a hablar de la historia anarquista de España. Cosa que le encantó. Poca gente me pide que le de tanto la turra.

Aquí sentados hablamos de la acracia.

Después nos fuimos a una especie de parque de atracciones, o algo para los niños, donde había un tren en miniatura para ellos. Ahí ya se me empezaba a subir el alcohol y se notaba en los vídeos.

A él también le subía. Le pedí que me hiciera fotos encima del tren, para hacer algo de postureo. A lo que me hizo este vídeo, peor grabado imposible y con una risa etílica en cada momento.

 

Después nos fuimos a casa de una amiga suya donde estuvimos un rato hablando y bromeando. Nos invitó a cenar algo de comida bielorrusa, y estuvo explicando un poco la historia de Minsk. Resumidamente toda quedó destruida con el pasó de los nazis y simplemente se ha construido una ciudad nueva.

Finalmente salimos a dar una vuelta por las calles y allí, sin saber porque me dio por hacer el Mr. Chaman de Ignatius Farray. Aunque mi historia era simplemente que venía de un pequeño pueblo de África y todo me sorprendía en Europa. desde un móvil a un simple mechero. Así con todo el que se cruzaba.

Sobre la 1 fuimos para casa, cogiendo el último metro. En realidad ya estaba cerrado, pero Dima hablando con la policía nos dejaron entrar de gratis. Nos encontramos solos en la estación, cogiendo el metro que dejaba a los trabajadores en sus casas, y consiguiendo esta bonita estampa.

Metro ya cerrado.

Al día siiguiente, entre resacas y el vuelo que me esperaba poco hicimos. Con la sonrisa tonta de recordar las bromas de la noche pasada y cantando alguna canción de Talco o Ska-p, grupos que conocíamos antes. Nos fuimos juntos a coger el bus para la estación y con un abrazo nos despedimos. Dejándome un bello recuerdo de Bielorrusia a pesar de no haber visto casi nada.                        .

 

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