Llegamos a Budapest, de nuevo en la zona Schengen.

Después de la aventura para salir de Ucrania, llegamos a la capital húngara. Nos apeamos del tren en la estación Budapest-Nyugati, ya anocheciendo y con más de 30 horas de viaje consecutivo a las espaldas. El cansancio era palpable, así que me metí al hostel barato más cercano a la estación. Era el más barato en Booking, pero era esas ganas de coger cama las que me impidieron regatear el precio una vez allí.

La estación al día siguiente

Pero por otro lado había algo que podía resistir al cansancio, y eran las ganas de hablar. También llevaba bastante tiempo con gente que no entendía ni papa de inglés, así que encontrarme a un uruguayo en el hostel fue una bendición. Me daba igual que fuera de derechas y que despotricara contra uno de mis ídolos, Pepe Mujica. Relajaba hablar con alguien en uno de tus idiomas natales. Más tarde me quedé hablando con unas cuantas chicas hasta que se hizo muy tarde.

El plan era conseguir las pruebas para Récord Guinness, grabar el vídeo con el cartelito, enviar el pasaporte a España para los visados y para Eslovaquia. Pero la noche pasó factura, así que me levante muy tarde. Tocaba día de descanso, además ya había visto Budapest antes, así que me bastaba con hacer las cuatro fotos de rigor y a descansar.

Empecé yendo al Parlamento, donde me encontré con algo que no recordaba, un par de soldados defendiendo una bandera. Los dos desfilaban dando vueltas bajo el gran mástil, protegidos por una cadena. Me pareció lo más absurdo de defender, y metafóricamente lo han hecho muchos igual enarbolando banderas con fervor.

 

Más tarde me encontré con otra sorpresita. En Budapest también tienen un cambio de guardia. Se trata de la versión democrática, ya que no habla de palacios si no de parlamentos. ¿Mejor que la del Buckingham? Juzguen ustedes mismos.

 

Después salimos a ver el Danubio, el hermoso río que nos ha acompañado por tantos países. Desde allí podemos observar la división de la ciudad. El Parlamento se encuentra en Pest y al otro lado se encuentra Buda. Parece algo estúpido pero la división es bastante real ya que no se juntaron en una misma administración hasta hace poco más de cien años.

 

Avanzando un poco podemos ver, a la orilla del Danubio unas estatuas en honor a las víctimas del holocausto. Hay que decir que la ciudad tiene varias estatuas repartidas por toda Pest, en su mayoría homenajeando la vida cotidiana de la ciudad durante toda su historia. Pero esta es la única que tiene un trasfondo más duro e impactante.

Los zapatos representando el holocausto.

Cruzamos el puente y nos encontramos con Buda y los restos de la era imperial. El gran castillo permite ver toda Pest con claridad, además de una vista panorámica de la ciudad entera. A la derecha hay un punto más alto con vistas más amplias, sobre el que domina un monumento de la era comunista, pero me daba algo de pereza subir.

 

Lo cierto es que no me entretuve mucho por allí y me fui directo a una de mis monumentos favoritos. Se trata de una iglesia no muy voluminosa pero con un tejado muy bello. No recuerdo si era modernista, aunque creo que tiene mucho que ver con la tradición húngara, pero es un monumento que vale la pena ver.

 

Volví para el hostel a seguir descansando y ya de noche con una chica de allí fui a ver como lucía Budapest de noche. Siento deciros que mi móvil es malísimo filmando de noche, pero creo que quedó una bella imagen del parlamento iluminado. Aún así, pasearse de noche vale mucho la pena.

Parlamento de noche.

Al día siguiente me preparé para marcharme con tiempo. Debía ir a otra estación, la más importante diría, en la que hace unos años todos los telediarios abrían con los andenes plagados de refugiados sirios. Allí estaba correos para enviar el pasaporte, así que tocaba ser previsor.

Lo que no preví fue que al ir a pagar las dos noches del hostel, el tío me dijo que pagara una. Como solo reservé una, pues al decirles que quería estar una noche más se olvidaron de la primera. Así que callando como un putas me fui directo a la estación.

Allí después de mucho preguntar, conseguí que me ayudaran a enviar el pasaporte a casa, con varios billetes que había recopilado como prueba para el viaje. Pagué con lo que me sobró de la noche gratis en el hostel. Aunque me dio para algún capricho: COMIDA. Me metí en el super y me gasté hasta el último forinto en comida. Calculé tan bien que me sentí a gusto y todo.                     .

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