Llegamos a la profunda europa del este: Kiev, Ucrania.

Llegamos a Kiev antes de las 6 de la mañana. Después de haber pasado un largo viaje en autobús durante toda la noche y con las agotadoras paradas en las fronteras de Moldavia y Ucrania. Nos presentamos en la estación de buses, dormimos un poco en algún banco y salimos a ver la ciudad.

Siempre me había llamado mucho la atención Ucrania, aunque desconocía completamente todo lo que había que visitar. Las únicas imágenes que persistían en mi mente eran las que llegaban de las manifestaciones, antes de que estallara la guerra.

Salgo de la estación y lo que me encuentro es un mercado/poblado gitano y al fondo bloques de pisos comunistas. Por ahora no prometía mucho, pero fuimos caminando para el centro y al menos encontramos esta iglesia, en cuya puerta había varias chicas muy guapas, con sus vestiditos haciéndose fotos, supongo que para su instagram.

 

Avanzo un poco más y un hombre de aspecto dejado y con sobrepeso me saluda. Cojeaba de una pierna y llevaba muletas, así que poca movilidad. Me pregunta si estoy viajando y le digo que sí. Entonces me dice que vaya que me invita a una cerveza, que él también era viajero y había hecho mucho dedo.

Me acerco y me mete en una casa de apuestas. Me dice que ha apostado todo su dinero a varios partidos. Uno de baloncesto de algún país arabe, algún partido de fútbol de esos que no conoce nadie y un partido de tenis de las primeras rondas de un torneo mediocre. En fin tenía una fuerte ludopatia.

Todos sus partidos empezaron a ir mal y no quiero saber cuanta pasta perdió. Pero en definitiva no había dinero para cervezas. Me explica por encima que cojea por que sirvió en la guerra de Ucrania y que ahora obra una pensión o algo así. Pensión que se ha fulido de buena mañana. Aún así me da un paquete de arroz y una pena bastante grande.

Nos vamos acercando para el centro y los edificios en general ya empiezan a coger otro tinte. Lo más llamativo el estadio del Dynamo de Kiev. Pero lo más agradable era como los aburridos apartamentos soviéticos pasaban a ser coloridos edificios renacentistas. Y con esos colores calmados y claros la ciudad empieza a coger encanto.

 

Pero ya llevaba un par de horas andando, y las nuevas imágenes no eran suficiente como para seguir andando sin tomar descanso. Así que me siento en el primer parque que me encuentro en la que descubro una bonita estampa. La afición al ajedrez. Todo esta lleno de mesas públicas y gente jugando, mayormente abueletes. Con cigarro en mano y velocidad asombrosa, pulsan el el cronómetro cada 2 segundos, acabando la partida en unos minutos. Algunas con espectadores otras más solitarias, en las que el ganador se permite el lujo de restregarle los errores cometidos por el perdedor.

Después de ver un par de partidas desde la lejanía empiezo a encontrarme con edificios más institucionales y verdaderos puntos de interés. Lo más llamativo era como estilos tan clásicos como edificios de columnas grecorromanas unidas por un tímpano rectangular, se volvían extraños y únicos con una simple pintura roja.

 

Y desde entonces los edificios no paraban de ir a más y más. Estaba completamente sorprendido. De salir a un dejado mercado gitano a llegar a esa clase de edificios. Edificios institucionales, iglesias, castillos, teatros. Todo una maravilla de estilo renacentista y neoclásico. Hasta llegar a una magnífica iglesia ortodoxa en lo alto de una pequeña colina.

A pocos metros de allí quedé con mi Couchsurfer y nos fuimos para su casa a descansar. Aún quedaban cosas por ver, así que al dia siguiente, con la mochila en la espalda, nos dispusimos a patearnos el resto.

Nos encontramos edificios aún más impresionantes. Entre ellos el ministerio de defensa de Ucrania. Un edificio enorme con unas columnas imponentes. Pero a su lado teníamos una bellísima iglesia ortodoxa. De color azul celeste o azul turquesa, y un montón de cúpulas doradas, quien sabe si con verdadero oro.

La iglesia

Entramos dentro de la iglesia, donde están haciendo misa. El vídeo es algo malo ya que no se podía grabar. Pero lo más reseñable es que aquí la gente no se sienta. Toda la misa se  hace de pie, así que no hay la coreografía tonta de sentarse y levantarse de la iglesia católica.

 

Más tarde visitamos la plaza de la independencia, donde empezó el conflicto ucraniano. Media Ucrania enfrentada por aproximarse a Europa o a Rusia. Aunque esta plaza las protestas eran proeuropa.

 

De allí pasamos por la estación de metro más profunda del mundo. Tiene 105 metros de profundidad y su nombre Arenalnaya, por si la queréis ir a visitar.

Escaleras sin fin de la estación.

Por último nos adentramos en algunos parques, en los que siguen habiendo iglesias imponentes y muy cargadas. Es lo que tiene las iglesias ortodoxas, son muy ostentosas. Aún así lo más reseñable eran la cantidad de vehículos militares que habían. No se si se trata de una exhibición de fuerza de Ucrania o vestigios de la antigua URSS.

 

Y entre tanques, vehículos oruga, cazas, bombarderos, helicópteros, cañones de artillería, misiles tierra aire y auténticos lanza misiles de larga distancia, se alza una enorme estatua metálica. Estatua soviética, con la hoz y el martillo presente; y algo belicista. Pero que con la puesta de sol dejaba una bonita estampa.

Después de la puesta de sol nos disponemos a marcharnos para el aeropuerto, donde pasaremos noche. Tenemos un vuelo a las 6 de la mañana a Minsk, la última dictadura de Europa. Llegamos casi a media noche a la terminal, agotados de andar casi 35 km con la mochila a cuestas. Así que nos medio tumbamos en unas sillas y a dormir.                            .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *