Mi primer Couchsurfer

Para quien no lo sepa, Couchsurfing es una pagina web en el que viajeros y lugareños se ponen en contacto, donde los segundos le ofrecen hospedaje a los primeros, sin buscar nada más que un intercambio cultural y conocer a gente nueva. Es una muy buena forma de viajar, no por que sea muy barato, sino porque puedes adentrarte mucho más en la cultura de allá donde vayas, entendiendo las costumbres viviendolas como un local.

Casi una hora después de la hora acordad suena el teléfono. Un mensaje de Joao, el couchsurfer. Me avisa de que ya ha salido del trabajo y que vendrá para aquí. Mientras yo sigo en la avenida dos Aliados, sufriendo un poco la rasca. Pero al menos las vistas merecían la pena.

Plaza dos aliados

Finalmente llega y comemos el metro para su casa. El chico es amable, pero ciertamente está más atento al móvil que en interactuar. Aunque con razón. Había quedado con dos chicas de Couchsurfing para esta noche.

Llegamos al piso y la limpieza no es su don. Literalmente tenía todo el menaje de la cocina en el fregadero y encimera, sucio por supuesto. Los cristales de mi habitación no se habían limpiado en lo que llevaba viviendo allí, lo de fuera se veía difuminado por la suciedad.

La encimera de la cocina.

Pero una cosa no quita la otra, me trató con mucha hospitalidad. Al llegar me mostró mi cuarto y me preparó una rica hamburguesa, además de recomendarme lugares de la ciudad, restaurantes baratos y que debía probar de Porto.

Fuimos para el centro de la ciudad, para salir un poco. Allí estaban las chicas con las que hablaba por Couchsurfing. Dos franceses, una rubia, de tez blanquecina, alta y muy delgada, o al menos su cara. Su amiga al contrario, más bajita, morena, pelo castaño oscuro y una cara más redondita. No solo sus físico era opuesto, también su forma de ser. Mientras que la morena mucho más abierta, positiva y con ganas de conocer a gente, la rubia estuvo de morros toda la noche. No supimos nunca si era por nosotros, por su amiga o algo que nada tenía que ver con eso. Pero cuanto más se enfadaba, más se aislaba y cuanto más se aislaba más se enfadaba.

A la hora apareció otra chica de Couchsurfing, una egipcia muy extrovertida, que andaba viajando por ahí y llevaba un rollo artístico un poco raro. Mi inglés no llegó a comprender si vivía del arte o tenía pasta para vivir ese estilo de vida.

Lo que si que empecé a comprender es que Joao, quería usar el Couchsurfing más como Tinder que otra cosa. Era imposible no pensar que me había acogido solo por tener una referencia y así chicas se animen a ir a su piso. (SPOILER: Después de mi solo han pasado chicas por allí)

Hay que decir que el ambiente que había en la ciudad era realmente bueno. Todo el centro estaba lleno de gente, la gente se agolpaba en las calles donde los bares servían, en cambio de los interiores. Os dejo una imagen muy mal tomada del ambiente, no pude detenerme más.

Después de un rato de crecimiento en espiral del aislamiento de la francesa, su amiga dice que hay que irse, que su amiga no puede aguantar más aquí. Así que nos vamos para el metro, pero no nos deja exactamente en casa. Tenemos que dar una vuelta y andar con las chicas. No recuerdo muy bien la razón, pero me pareció una excusa para dar la ultima intentona de pillar cacho.

Pero la creciente ofuscación de la rubia no se detenía, y avanzaba por las calles a toda pastilla, a pesar de no saber dónde estaba ni donde iba. Al final, se separaron los caminos y cada uno a su casa. En ese momento las ganas de hablar de Joao cayeron en picado y con alguna frase suelta nos fuimos a dormir.

Al día siguiente me levanto temprano para intentar ir a algún consulado pero esta todo cerrado, ¡ya no de ni en que día vivo! ¡Es domingo! No hay ni Free Tours, comprar algunos utensilios para hacer los números con las banderas, ni nada. Solo me da tiempo a parar en el restaurante que me dijo Joao.

Por unos 3 euros me pedí un Francesinha. Se trata de esta bomba de sándwich. Lleva de todo, chorizo, queso, pavo, ternera, jamón y no sé que más. Un huevo frito lo corona y todo recubierto con una especie de salsa de estofado. Además viene un plato de patatas. Una verdadera bomba que comerla sin hacer un desperdicio ya es un auténtico reto.

Salgo con la panza bien llena y me voy para el piso. Hace mucha calor como para ver nada, y en tres horas he quedado con el siguiente Couchsurfer. Es en el piso cuando me reafirmo de que Joao solo quiere la buena referencia. Se pasó todo el rato en la habitación solo, en la que en cierto modo no estaba invitado. Pero en fin, también estaba bien tener un rato de tranquilidad para uno mismo.

Me llega un mensaje del siguiente CS. Quedamos a las 8 en el estadio do dragao.

 

Una vez allí, todo se basó en movernos de un lado a otro del estadio buscándonos. Finalmente me dice que suba unas escaleras y allí lo espero mientras el tiempo corre a velocidades insospechadas.

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