Permíteme danzar en la oscuridad

Y no se como hacerlo. No se si es de ser cobarde, o de ser valiente. No se si es lo que conviene, o un error más. No se si lo haré bien o lo haré mal. No se nada. Pero creo que esta vez tengo que decir un adiós contundente y definitivo.

Y si me preguntas de nuevo, no quiero hacerlo. No quiero dejar de escucharte, no quiero dejar de conocerte, no quiero dejar de sorprenderme. ¿Pero y si, con adiós o sin, ya fuera a dejar de hacerlo?

Siempre he querido luchar por lo que valía la pena, y eso me ha llevado a derrotas absurdas, a heridas profundas de desilusión, que no sanan, pero de las que ignoro sin pretenderlo. Y quizá sea hora de dejar de luchar, de darse cuenta de las cicatrices que uno tiene por batallar a la busca de cortos y escuetos trozos de luz.

El problema es que brillas. Brillas demasiado dentro de una oscura alma, y quizá eso es lo que me haga aún más difícil esta decisión. Aunque quizá solo yo te hice brillar. O quizá estaba harto de tanta oscuridad, que una pequeña vela me cegaba el mundo… de tal manera que solo veía oscuridad.

Y suena algo raro, pero después de mucho tiempo acompañándome me hiciste sentir solo. Me di cuenta más tarde, que mientras la gente se alegraba, me abrazaba y me besaba, yo seguía sintiendo que nada me unía a ellos, que estaba solo. Ellos sentían una conexión que se me hacía vacua y sigo sintiéndome más vacío, cuando la única vela que observaba vacila en apagarse.

Y no hace falta que me digas que no entendí nada. Porque muchas veces no entiendo nada y no me importa. Quiero ser sincero a mi mismo y a mis sentimientos, y cada vez creo que me importa menos lo que tú sientas. Miento. Me importa y mucho. Por eso no quiero escucharlo, no quiero saber lo que ya se, o que me sorprendas para que acabe siendo más empático.

Siempre sorprendes, pero creo que aquí no lo harás. Sé de que se trataba. A los dos nos gustaba oír que le interesábamos a alguien. A todo el mundo le gusta, y durante mucho tiempo solo seguía por eso, por el tonteo y porque siempre reconforta que alguien te envíe sus verdes corazones aunque sea en las antípodas y sabiendo que se trataba de una conversación finita.

Pero entre la broma y el tonteo, te conocí. Lo que empezó con simple superficialidad fue avanzando a descubrir tu ser, que con cada sorpresa más interesante me parecía. Y mientras recuerdo que es un mundo extraño tú ni siquiera recuerdas el nombre que quise compartir contigo. Porque íbamos a distintas velocidades, quizá estábamos en distintas circunstancias.

Cuando me acompañabas me sentía más solo, aunque más feliz. Tú ya tenías a gente que sabías cómo iluminarlas. Pero yo no tenía tiempo, ni quizá fuerzas, en buscar en la oscuridad la luz de las sombras.

Por eso debo apagarte. Aunque ahora brilles tenue, sigo sin ver más que esa luz. Y mientras no pueda huir a otro sitio debo hacerlo. Y habrá oscuridad; completa, implacable y aterradora. Pero déjame danzar en la tenebrosidad. Chocándome, lastimándome, mientras que mis ojos empiecen a distinguir siluetas y al final, poder disfrutar de lo que me rodea, sin reminiscencia artificial.

Se que no te gustan los dramas, pero he aquí el mío. Mi vida es una serie de desilusiones constantes, de las que solo me quito ilusionándome de nuevo con cosas que ni sé, como si nada antes hubiera pasado. Esta vez en que el hastío no florecería en tu ser. Y quizá ahora estoy parando a tiempo, o quizá ya tarde. Quizá por miedo, quizá por sensatez.

Siempre he ido divagando entre conversaciones que me llenan, creando en mi mente nuevas palabras que más tarde puedan crear lo que me dio la primera vez. Mientras, mi atormentada mente, mis inseguridades o lo que mierda sea, acaban cansando a la otra persona, mientras que se aleja dejándome todos los versos en la boca.

Al principio todo fluye bien, fácil y sencillo, pero luego lo complico todo y se vuelve estéril. No se seguir, no se mantenerme, hasta sentir que las relaciones humanas me superan. Algo que quizá te hubiera sorprendido al principio, pero que ahora seguramente ya sospechabas.

Contigo me asusté al echarte de menos y se que eso precipitó todo a que ese cansancio llegara. Y por eso ahora soy más consciente de que aquella precipitación debía haber sido el contundente adiós.

Creo que aún puedo guardar el recuerdo como algo bonito, rememorando feliz cuando me dijiste que te di mucha vida. Aunque eso conlleve a que mis ojos tarden más en aclimatarse en la oscuridad. Porque aún deseo que esa conversación vuelva, aún deseo verte, aun deseo oírte, aún deseo que el adiós jamás llegue. Sigues siendo muy interesante, pero mejor sigue iluminando a quien pueda estar con tu llama sin el eterno movimiento, a quien parado junto a ti tenga tiempo de ver en la oscuridad. Quizá yo necesite vivir en la tiniebla para ver en ella al instante.

Y te pediría que no contestaras a esto, que no lo hicieras más duro, aunque una parte de mi desea que lo hagas. Si lo necesitas hazlo. Pero sino, no hace falta. No me lo pongas más difícil.

Siento todo esto. Mi mente es complicada y estúpida. No se hacer nada fácil. Siempre complicando todo con los dramas que me carcomen y desearía que no estuvieran. Quizá ahora entiendas que yo estoy más loco que tú. Quizá te ayude yo también a destruir todo, si cabe, un poco más. Porque ya da igual que me entiendas o no.

Quizá de aquí tres años me acuerde de ti. Quizá consigas esa exclusiva. Quizá el mundo se nos haga pequeño por un corto instante del tiempo. Quizá algún día, por primera vez, hagamos más pequeña la lista, en vez de agrandarla. Puedes quedarte con eso si quieres, pero yo debo empezar a creer que no será así.

Sigue brillando luz de loto, no hay nada moñas que te pueda decir, porque ya sabes que eres una diosa. Gracias por dejarme bailar en el Olimpo, gracias por darme luz, pero ahora debo aprender a danzar de nuevo en la oscuridad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *