Primer día

Nos levantamos con la calma, a pesar de saber que no debo entretenerme. Tengo que llegar a las 12:30 en Dumbría. Un pueblo que está a unos 40 km de Fisterra. Solo había un bus muy temprano y otro que me dejaría un poco tarde de la hora. Así que mi pereza y ganas de dormir buscaron una alternativa, el autostop.

Me desperté sobre las 8 y algo, me levanté tranquilamente, sin preocupaciones, y me fui al bar a tomarme un café. El tiempo pasaba y seguía tranquilo. Hacer esa distancia no debería ser problema alguno. Pero si tuviera mala suerte iría bien andar algunos km para buscar un sitio mejor. Cuanto menos tiempo dejara para esos contratiempos más difícil hacia que pudiera llegar.

Pero parecía no importarme. Esperaba algo y no sé que era. Me encuentro con los italianos de anoche, que iban a coger un taxi para volver. También me tiro allí un tiempo más largo de lo necesario para despedirme de ellos; ahí parado, delante de los que parten, sin decir nada después del abrazo, viendo cómo se preparan para apearse.

Finalmente cuando parten decido ponerme manos a la obra. Pero directamente paso a la estación de buses para avanzar 10 km a Cee. La carretera que une Fisterra a Cee no es muy buena para el auto stop, lo sé por experiencia propia, así que decidí saltármela.

En la ciudad me aprovisiono y me alejo andando hasta la carretera. Un lugar donde ya hice auto-stop la otra vez y es realmente bueno. Me cogieron a la primera literalmente.

Esta vez no hubo tanta suerte. Tenía solo hora y media para llegar. Es muy mala suerte tardar tanto en que alguien pare, pero cuando ya pasas los 20 min, empiezas a no ser tan optimista.

Cuando ya me empezaba a preocupar paró un buen hombre para dejarme en la entrada del pueblecito. Se trataba de un nacionalista gallego, que entendía que cada región mirara por su parte, pero lo del independentismo era demasiado. Sí, a la que dices que eres catalán, la mitad de los que te paran haciendo dedo te sacan el tema, da igual que les digas de primeras que te importa más bien poco el tema.

 

Llego al pueblo, aunque más bien es una urbanización. Entonces me llama la del bla bla car y dice de quedar en la gasolinera. No tiene pinta de haber ninguna en el pueblo. Pero pregunto a sus lugareños y me lo confirman. Me dicen que no hay ninguna, la más cercana está siguiendo la carretera como a 1 km.

Así que me pongo a andar a toda prisa ya que debía llegar en 15 min. Me cruzo con algunos peregrinos que me intentan indicar que estoy tomando el camino incorrecto. A gritos, ya que no tengo tiempo a detenerme, les digo que yo ya he terminado.

Llego a la carretera y empiezo a andar a cierto ritmo. Pasan los 15 minutos y la gasolinera no aparece. Pasan 5 más y tampoco. Empiezo a pensar que estoy perdido, pero ni tan siquiera puedo detenerme, ya que en ese momento me llama la del BlaBlaCar. Con un acento extranjero y algo acelerada, intentamos entendernos. Le intento decir que no sé dónde está la gasolinera, ya que no aparece, que me envíe ubicación por el WhatsApp. Pero no sabe cómo hacerlo. Se pone entonces un hombre pero, a pesar de hablar mejor el castellano, no avanzamos nada.

Finalmente con las señalizaciones confusas y algo de suerte me ubico. Aún me quedaban 1,5 km más. Vaya máquinas los del pueblo. Acelero el ritmo y voy para allá, esta vez con música en los cascos para ir más rápido.

Llego a los 15 min y me encuentro en la entrada con un hombre alto y robusto; con el pelo largo hacía atrás, marcadas facciones y una barba que aún le daba más dureza a su rostro.

– ¿Eres Oscar de BlablaCar?

Respondo con un simple gesto dando a entender que es obvio. Vamos para el coche, un pequeño Nissan micra con algo de desorden en su interior.

Llega la chica de dentro de la gasolinera. Una mujer muy delgada, con leggings de rayas blancas y negras, una chaqueta viejuna (de esas que son color rosa y azul muy llamativos) y el pelo algo alocado. En definitiva estilo funky y, como no, la música que nos acompañará será del mismo estilo, aunque algunas indescriptibles. Os enseño un ejemplo:

 

Hablamos un poco y resulta que son de Fisterra. Están viviendo en un bar/albergue hippie al inicio del pueblo, pero no saben bien bien porque la app les puso Dumbría. En fin, he hecho auto-stop para nada.

A los pocos minutos me duermo. Y solo me despertaré un instante para ver la preciosa bahía de Vigo y Pontevedra; y cuando paremos en una área de servicio. Allí hablo un poco Elena, y me explica que estuvo casi 10 años dando vueltas por el mundo y gracias a ello sabe tantos idiomas. Además me da varias recomendaciones sobre Portugal, aunque solo me acabarán siendo útiles las de Porto.

Al llegar nos vamos a tomar unas cervezas y hablamos un poco más de mi proyecto y de ellos. Me recuerdan mucho a Sandra y Hernán (personajes de mi libro). Ella más flexible, relajada y espiritual; mientras que el más hosco, directo y seco. Pero esta era una versión un poco más alocada y descentrada. Nunca llegué a saber si son pareja, amigos o simplemente hay amor libre en ese albergue…

 

Algo como estos peces de Oporto me venía a la cabeza.

Me firman los formularios de testigo y nos dividimos. Me voy con él a dar una vuelta por la rivera, hasta que finalmente lo pierdo. Tomo algunas fotos y termino en la plaza dos Aliados para esperar a mi CS.

Habíamos quedado allí a las 8, pero una vez más eran las 8 y no había indicios de que apareciera nadie, ni tan siquiera un mensaje. Pasaron 10 min y nada. 15… 20… 30….

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *