Primer día en Istanbul

A las 3 de la mañana llegamos a la frontera Búlgara – turca. Todo el tren debía bajarse para pasar el control de pasaporte, mientras las patrullas fronterizas inspeccionaban los vagones. La verdad es que el tránsito es largo, solo hay uno para sellar el pasaporte de todo el tren, así que nos tiramos una hora buena haciendo cola. Pagamos los 15€ del visado y para la cama a dormir a la cama. A las pocas horas el sale el sol y nos encontramos con el mar en el horizonte.

 

Llegamos a la estación, si se le puede llamar así. Simplemente era un descampado donde acababan las vías. Para llegar a la verdadera estación debíamos coger un bus que nos dejaba en el centro de Istanbul. El bus recorría la costa donde a poco a poco la urbe iba apareciendo en ambos lados del estrecho.

 

Llegamos a la estación de Sirkeci, que me recordaba mucho a películas que creo que nunca he visto, a libros que nunca he leído y a un Orient Express cuya ignorancia que poseo es infinita. Aún así el encanto creado por las plantas, la calma y algunos gatos que pululaban, me dejaron impresionado.

Estación

Eran las 7 de la mañana y lo que necesitaba era wifi. Debía contactar con un amigo de mi padre que decía tener un lugar donde hospedarme. No tenía ni idea de precios pero si de algunos dulces turcos que había probado en Belgrado. Así que directo a comer Baklava, también iba con hambre, así que me salió cara la broma.

 

Al fin contacto con Marc, el amigo de mi padre, y quedo con el por la tarde. Así que tocaba perderse por las calles con la mochila acuestas, por calles abarrotadas de gente y mercados bulliciosos. Daba para escena de película la verdad, pero por lástima ninguna cámara podía grabarme más que yo.

 

Veo una mezquita en lo alto de un monte, así que para allá vamos. Subimos algo cansados pero las vistas valen la pena. La ciudad se encaramaba por los montes que rodeaban los estrechos que hicieron a Istanbul la tan importante ciudad que fue en la historia mundial.

Vistas des de la mezquita

Me voy adentrando en la mezquita y me encuentro con patios y maravillosos. Además sin mucha gente, hecho que albergaba al lugar una tranquilidad muy relajante y que contrasta con el ambiente de las calles.

Patios interiores

Nos descalzamos y entramos para dentro. Alzamos la vista y sigue siendo igual de imponente o más, a pesar de que no era tan ostentosa como una iglesia católica y, mucho menos, ortodoxa.

 

Salimos y se empieza la llamada al rezo. Desde arriba de la colina era una auténtica locura. La llamada de la mezquita en la que me encontraba se mezclaba con el eco de las cientos de llamadas de la ciudad de Istanbul.

 

La gente se fue acercando a la zona de rezo y se lavaba los pies en las fuentes que cubrían toda la pared. En ese instante yo decidí volver, ya que la mezquita se cerraba a turistas, y empezar a andar hacia Taksim.

Aquí se lavan los pies.

Lo primero cruzar el cuerno de Oro hacia la otra parte europea de Istanbul.  Cruzamos andando por el puente, donde hay dos pequeños miradores para poder disfrutar de las vistas de las dos costas a la vez.

 

Cruzamos la zona de Taksim, una larga calle comercial, no muy bella en sí. Aunque sí que poseía algunos edificios bellos. Al salir de Taksim entramos en Şişli donde me encuentro con Marc y su amiga Seden,  que me acogerá esta noche y las siguientes me quedaré con su novio.

Edificio de Taksim

Nos vamos para su casa y cenamos un poco los 3 una comida muy rica preparada por ella. Esperábamos al hermano de ella, no es muy normal que yo me quede solo con ella aquí. Aún así, el hermano no llega y acaba siendo así. Pasamos la noche jugando a algún juego de mesa hasta que me da la noticia: el novio no quiere acogerme así que mañana ahuecando el ala.

 

Así que el segundo día estaremos en Istanbul sin saber muy bien donde dormir, dónde ir y sin saber muy bien en general.

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