¿Quién soy?

Ciertamente es una pregunta difícil de responder. Quizá ni siquiera a lo largo de nuestra vida consigamos responder a una pregunta así convencidos. Aún así me gustaría compartir con vosotros los datos que me definen, además de mi corta historia hasta enrolarme en esta loca aventura.

Mi nombre es Óscar Herrero Requena, soy un chico de 21 años que ha vivido en un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona, a los pies del Montseny. Crecí con el amor incondicional de mis padres, cuya preocupación será bastante alta durante toda esta expedición.

Des de pequeño siempre tuve una inquietud extraña por viajar. Cuando me regalaron mi primera bicicleta, mi mente fantaseaba cruzar el horizonte cientos de veces. Lo mismo ocurría con alguna excursión andando o cuando un amigo me dejó coger su minimoto para niños. Cuando pasaron los años descubrí que existía algo llamado Camino de Santiago. Mis ojos se iluminaron e ilusionaron con poder realizar aquello que imaginaba. Pero seguía siendo un niño, ni tan siquiera había entrado en la adolescencia. Intenté convencer a mis padres por hacerlo, pero dijeron que no. No sé muy bien porqué.

Bueno quizá sí que pueda hacerme una idea.

Al entrar en la adolescencia, mi rebeldía no estalló ni nada por el estilo. Seguía con el plan socialmente inculcado a un menor: estudiar y aprobar exámenes. A pesar de que el esfuerzo en los estudios no fuera lo mío, mi facilidad para retener (sobretodo con los números) hacían que mis resultados fueran buenos.

Llegué a Bachillerato y me decidí por el Tecnológico. Los números se me daban bien, así que eso debía hacer. Durante esos años mi mente y mi ideología se fueron asentando, además de descubrir que me gustaba mucho la política y la historia. Así que después de dos años estudiando ecuaciones y fórmulas, decido usar la nota de selectividad para hacer Ciencias Políticas.

Se puede ver mi vocación por la política y por los recortes.

Justo el verano antes de empezar, un amigo mío me dice que se va a ir a hacer una parte del Camino de Santiago con su tío y su primo, los cuáles no conocía. No dudo en apuntarme y durante 15 días descubro qué significa viajar con la mochila en la espalda y prácticamente solo, ya que desconocía a todos menos a mi amigo.

Encantado con la experiencia vuelvo a casa para aventurarme en algo también nuevo, la universidad. Lo que más me chiflaba era el ambiente, poder hablar durante horas de política sin que nadie se quejara o tuviera cortos conocimientos. Pero toda esa recerca cultural ocurría en el bar o en el tren (dónde aprovechaba para leer), pero en el aula ni me apasionaba ni aprendía.

Acabo el curso con buena nota, incluso con alguna matrícula de honor, pero algo vacío. Entonces el primo de mi amigo, con el que hice el primer Camino, me comenta que va a hacer el Camino del Norte con sus amigos, a los que tampoco conocía. Tampoco dudo en apuntarme y paso con ellos un mes y pico de peregrinaje. Éramos un grupo de 8, y a ellos los definiría como artistas bohemios. Uno tenía capacidad para escribir, el otro para dibujar, éste tocaba un instrumento, aquél otros tantos, otro más cantaba… Fue una autentico cambio y lluvia de inquietudes. Inquietudes que la universidad no me podía aliviar.

Llegada a Finisterre.

Pasaron los primeros meses del segundo curso, mientras que en mi mente persistía la idea de aguantar ese año para luego irme en verano y decidir calmado. Pero según avanzaba el curso me quedaba más claro que después de segundo no seguiría. Así que, ¿para qué esperar? En una semana avisé a mis padres de que me iba, cogí la mochila y empecé andar des de Barcelona hasta Finisterre. El periplo siguió más allá del Camino de Santiago. Duró hasta casi 6 meses, (cuyos primeros meses relato en el  Diario de mi primer viaje) cuando volví a casa para documentarlo y prepararme para la Expedición Sin Fronteras.