Reencuentro familiar en Alemania (Hamburgo y Bremen)

Tenía presente que Ana tenía que estudiar y no me quería mucho por su casa de Wageningen. Mis tíos y primos, con los que cada año había viajado con su caravana, volvían de Noruega y paraban en Hamburgo. Así que era una buena oportunidad para que este año volviéramos a viajar este año también, aunque esta vez solo fuera un poco.

Por la mañana temprano nos vamos a la estación camino a Hamburgo. Después de 4 trenes y 9 horas llegamos a la ciudad que compite con Amberes por el segundo puerto más importante de Europa. Aunque lo primero que recibo al llegar es un camello vendiendo droga a un par de chicos.

Camino durante una media hora y llego a l parque de caravanas donde están mi tíos, Manoli y Emilio, y mis primos David, Victor y Maria. Casi todos llevaban mi camiseta con el logo de Expedición Sin Fronteras, cosa que me hizo mucha ilusión.

 

Comemos un poco y nos vamos para el centro en busca de algún Frankfurt barato. Allí nos encontramos con la fiesta del orgullo, que lo cierto es que no tiene mucho de fiesta. Algunas paraditas, banderas, algún travesti, pero nada de desmadre. Después de que me contaran la que se montaba en Amsterdam, de gente lanzándose a los canales y locura pura, pues todo queda corto.

Mi tío y yo embriagados por el amor que se respiraba.

No nos vamos muy tarde para la cama, ya que al día siguiente queríamos hacer un free tour por la mañana. Como siempre vamos tarde y como yo no llevaba bicicleta pues fui tirando. Y llegué mucho antes yo…

El bello ayuntamiento de Hamburgo

Empieza el Tour, y mis tíos se pierden a todo momento, llegan a la explicación justo cuando termina, y yo tengo que volverla a hacer. Lo que más me sorprendió y que seguiré dándome cuenta durante todo el viaje serán los tropiezos. Son pequeñas plaquitas en el suelo donde estaban las casas de personas asesinadas por los nazis. En ellas sale el nombre y apellidos de la victima, el año en que nació y a donde lo deportaron. Un tropiezo para hacernos recordar.

Tropiezos en Hamburgo

Terminamos el Tour y vamos un poco perdidos, aunque más por indecisión que por no saber donde estábamos. Aparece un señor mayor con gabardina que dice que lo sigamos para ir al ayuntamiento. El hombre era bastante raro, aunque parecía buena gente. Pero lo cierto es que no nos llevaba en la buena dirección. Cuando llegamos a un puerto él seguía unos metros más adelante, así que le decidimos dar esquinazo. Ese señor mayor ahí… llevando a familias a una cama de nido!

 

Vamos volviendo y nos encontramos con que empieza el desfile del Orgullo. Seguimos con lo mismo, no hay mucha fiesta. Alguna carroza si que estaba animada, pero había algunas que estaba toda la gente sentada y con cara de aburrimiento. Lo más animado fue estos chicos bailando coregrafiados.

 

Nos quedamos un rato, pero era interminable y el hambre hacía mella. Así que volvimos para la caravana. Después queríamos ir al museo de miniaturas antes de marcharnos. Como siempre llegamos tarde y al final tan solo nos queda una hora y media para ver el museo. Pero es enorme (ya os explicaré un poco más el próximo día) y me quedo con las ganas de verlo bien. Decido perder el tren y ir con mir tíos a Bremen, para irme a Austria un día más tarde. Aún así no logré verlo todo.

 

Dormimos a medio camino entre Hamburgo y Bremen, para llegar al día siguiente temprano. Hacemos un Free Tour con una guía que da la turra como ninguna. No tenía pensado darle nada, pero como mis tíos tampoco querían, me supo mal y le dí 5 €. Estaba feo…

 

Después fuimos a relajarnos en un parque cerca del río, tocando un poco el ukelele, preparando la bandera para Austria y jugando un poco a voley playa. Por último nos despedimos, siempre se hace duro y el estado emocional acentúa el cansancio acumulado. Pero sé que ellos me quieren, me echaran de menos y me apoyaran anímicamente desde sus corazones.

 

Cabrones.

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