Último día en Oporto con Claudio (Mi segundo CS)

Después de un rato esperando en el lugar que me indicó, que me parecía malo para quedar, me llama Claudio, el Couchsurfer, algo irritado. Me pregunta si voy a venir o sino se va. Le intento decir donde estoy y me dice que baje y me acerque al metro. Allí estaba.

Se trata de un chico de unos 30 años que había vivido en Barcelona, por lo tanto podremos hablar cómodamente en castellano. Bueno, al menos yo.

Me lleva a su casa, algo a las afueras, donde tiene un perro guardián. Me dice que no salga del coche hasta que él me diga, porque sino el perro me podría morder. Yo obedezco sin dudar. A los dos minutos me dice que salga y entramos para dentro de una casa increíble.

Lo primero a destacar es el contraste con Joao. Estaba todo limpísimo y recogido. Lo segundo que era una pasada. No solo por ser grande y espacioso, lo que realmente me flipó fue su sótano. En él había un futbolín, mesa de billar que podía convertirse en mesa de ping pong, dardos, una habitación árabe para fumar cachimba, una barra con copas, etc.

 

Nos pasamos la noche jugando a todos los juegos que tenía, y le gané a todo en su propia casa. Aunque siendo honestos él tenía más mano con el billar.

 

Tampoco me acosté muy temprano ya que por la mañana tenía que irme temprano para pillar un Free Tour. Así descubrí la historia de esta magnífica ciudad. Siempre es una buena forma de conocer el lugar rápido y ameno, aunque muchas veces hay que saber ver que recomendaciones van con comisión.

Al terminar acabé comiendo con el del tour y unos cuantos más, pero no medié mucha palabra. Me recomendó irme al palacio de cristal y para allá que fui.

Palacio de cristal

Se trata de un gran parque con vistas a la zona más occidental de Porto, hasta poder llegar a ver el mar. Lo curioso es la cantidad de aves que pululan por allí, pavos reales, gallinas, etc. No es nada del otro mundo, pero realmente es un lugar tranquilo y bello.

 

Allí quedé con Claudio, donde hubo otro momento de confusión para encontrarnos y, una vez más, temeroso y hastiado me dijo que si de verdad iba a ir o si no se iba para casa. Al final lo encontré y nos fuimos a la otra parte de la rivera, a Gaya, donde hay estas increíbles vistas de Porto.

 

Allí decidimos ir a probar el vino de Porto, no me podía ir sin probarlo. Lo cierto es que era bastante caro, pero creí que era un verdadero sacrilegio no probar una copita por 3€.

 

Al terminar subimos al monasterio da serra do pilar para contemplar las vistas des de arriba. Mientras el sol empezaba a inundar el Duero, dejando a los barcos como pequeñas islas de sombra en un mar de luz, empezó la conversación más profunda. En la que hablamos de los sentimientos que aportaban los viajes, moverse y descubrir; acabando con las ganas de Claudio en salir con la mochila en la espalda; cosa que haría la semana que viene.

 

Se avecinaba la hora de cenar y Claudio había quedado con dos couchsurfers, una americana y una iraní. Fuimos al restaurante Mondo Novo cuyo menú nos costó 5€. Lo bueno es que las dos hablaban español, así que todos se acomodaban a mi idioma. Al principio no estaba mucho por la labor de comunicarme, pero según dejábamos la cena para que viniera la fiesta empecé a ser más sociable. Volvimos a la ribera y nos bebimos un cubalitro cada uno (por 2 €) admirando las vistas mientras que las conversaciones fluían cada vez más.

Luego nos fuimos cerca de clérigos, donde hay tres calles llenas de pubs y muy buen ambiente. Seguí bebiendo y según subía el alcohol más reggaetón ponían en el antro y más pesado me ponía perreando. Cuando bebo demasiado me pongo a hacer el tonto con esto y ahí estaba yo restregando el culo a Claudio y las dos chicas, mientras que yo me reía sin entender que era algo incomodo. Me encontré a unas catalanas con las que tenía un amigo en común y a un chaval con el que me hice amigo y con el que siempre me abrazaba. La siguiente foto engloba la situación

Las chicas y el chaval a la izquierda.

La razón por la que salíamos de fiesta era sencilla. Tenía un BlaBlaCar a las 5:30 en el aeropuerto. No había transporte público a esas horas que me llevara allí así que Claudio y yo alargamos la noche lo máximo posible para que me dejara en la terminal a esa hora. Aguantamos hasta las 3. De allí nos fuimos al coche donde un chaval nos preguntó que pasaría si nos intentara robar. Yo no me enteré mucho por el tema idioma, pero Claudio le retó y se fue. Por último acabé en la terminal piojillo e intentando dormir un poco.

 

 

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