Visitamos Split y las islas croatas

Después de la interminable espera en la estación de Zagreb, Cogemos el tren por la noche. En el compartimento se nos une una chica rusa, aunque ha crecido en Alemania, y su perro. Nos pasamos parte de la noche hablando y jugando al ajedrez. Hasta que llega el revisor y me la lía. Me cambia la fecha del Interrail y lo acaba dejando horrible para pasar otro control, (como si yo la hubiera cambiado descaradamente para cogerlo otro día. Me dice que no tendré problemas, aún así me deja bastante cabreado. Acabamos conciliando el sueño pronto y nos despertamos con la costa asomando en la ventana.

 

Mientras nos relajamos mirando por la ventana oímos unos gritos. En uno de los compartimentos había entrado un insecto bastante gordo, parecido a una abeja. La pareja había salido por patas de allí y se disponían a sacarlo. En el vídeo hay varios intentos, pero no puede capturar el momento en el que tiran una camiseta por la ventana, creyendo que el bicho esta ahí y luego volvió a aparecer. En fin, todo es muy divertido detrás del cristal.

 

Llegamos a Split y acompaño a la rusa a donde los Ferrys, ya que realmente no se muy bien donde ir. Entonces en las taquillas me encuentro, una vez más, con las chicas asturianas del tren desde Liubliana. Me dicen que van a Bruç, así que sin pensármelo cojo el billete del ferry y nos vamos. Una vez dentro me separo de ellas y me paso el viaje tocando con unos argentinos el ukelele.

 

Una vez en la isla me las encuentro en un súper. Me dicen que el lugar chulo esta al otro lado de la isla, pero hay que ir en bus. No me apetece pagarlo, así que decido probar hacer auto-stop y sino me quedo en este lado. Pero salió todo redondo, el segundo coche me para y me deja en Bol. Allí me relajo mirando las vistas del pueblo mientras espero a las chicas.

 

Cuando llegan se quedan alucinadas. No entienden como allá donde van aparezco yo, y menos ahora que ni cogía el bus. Nos vamos para las playas, con aguas color turquesa, que no están nada mal, pero estaban bastante llenas. Al final cogimos una barca a pedales y pasamos el día relajados en la arena.

 

Cuando ya anochecía tocaba la vuelta, ellas cogieron el bus y yo probé hacer autostop. La idea era que si podía volver esta noche me metía en su AirBnB y sino pues dormiría en una playa cualquiera. Pero una vez más la suerte estuvo de mi parte, levanto el pulgar y el cuarto coche me para.

 

Se trataba de una pareja holandesa muy maja, que dudaron unos segundos en pararme. Aún así fue un viaje muy ameno y divertido. Hasta tal punto de que me vieron a lo lejos esperando el Ferry y vinieron a saludarme y a charlar un rato.

 

En la cola me encuentro con las asturianas y nos vamos para Split. Con la noche sobre nuestro, cruzamos el mar cantando y tocando el ukelele. Una vez allí duermo en el suelo, después de cenar con ellas una comida simple pero muy rica que prepararon.

 

A la mañana me fuí, ellas marchaban para Dubrovnik y yo me quedaría viendo Split, que según ellas no tenía nada. Gracias a dios que me dijeron eso, ya que me llevé una grata sorpresa. El centro estaba formado por una enorme villa romana, por la que me pude perder admirado.

 

Si es cierto que las calles eran algo estrechas y el cúmulo de turistas, hacían el paseo un poco menos agradable. Pero aún así me encontraba solo en maravillas como estas, una plaza veneciana sin una alma. Y es que quizá, gracias a esa baja expectativa que me dieron, Split y Croacia se volvieron uno de mis lugares favoritos a los que deseo volver.

Plaza Split

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