Visitamos Thessaloniki

Volvemos de las montañas macedonias a Skopje, donde a las 4 de la madrugada debemos coger un tren a Thessaloniki, Grecia. El bueno de Ali se ofreció a llevarme, así que a las 3 ya estábamos en el coche camino a la estación. El sueño era considerable como podéis ver.

 

Lo peor fue que llegó muy tarde. A veces me olvido de que estoy en los Balcanes. El tren acabó llegando a las 6, dos horas más tarde que hubiera disfrutado muchísimo durmiendo.

 

Llegamos a Thessaloniki al medio día y con una Couchsurfer esperándonos por la noche. Mi plan era irme al día siguiente para Sofía, así que hoy debíamos patearnos toda la ciudad y buscar un buen sitio para grabar el vídeo.

 

Después de una hora andando con la mochila a cuestas nos detenemos en un parque donde se vende droga descaradamente. Estaba sentado a unos 100 metros y des de allí veía como vendían con total descaro, casi podía poder ver la mercancía.

La entrada del parque

Luego me acerqué al mar, lo cierto es que no es más que una ciudad costera. Era una ciudad bonita en general, pero no algo que valiera la pena visitar, al menos por ahora, simplemente para vivir tranquilo.

 

Me acerqué a unos de los monumentos famosos, que me esperaba que fuera como la torre del oro de Sevilla, pero no llegaba a ese nivel. Así que me decidí subir a la montaña a un castillo que se veía a lo lejos.

La torre

A mitad de camino me encontré con una iglesia bastante bonita. Aunque lo único que me impresionó fue un bar lleno de televisores y consolas. No llegué a entrar pero después de meses sin tocar ni una apetecía jugar un poco.

La susodicha iglesia

Llegamos arribe, y más que el castillo, lo bonito son las vistas que el monte ofrece. La bahía encerrada por las montañosas penínsulas, poblada por barcos mercantes mientras la ciudad se expande por sus costas. Allí grabamos y nos relajamos un poco con las vistas.

Vistas des de arriba

Ya bajamos para la ciudad y nos vimos con nuestra Couchsurfer, que estaba de exámenes y algo ocupada. Aún así compartimos unas patatas bravas hechas por mi y un par de horas de conversación. Finalmente terminamos con un mapamundi, mostrando mi sendero recorrido y el que queda por recorrer.

Yo con un mapa soy feliz.

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