Visitando a Ana en Holanda

Después de dejar Breda nos dirigimos a Wageningen, donde una amiga del Camino, Ana, nos brinda hospedaje. Primero debo hacer escala en Arnheim, una escala cortísima que me obliga a correr por los andenes. Llego antes que Ana a la estación y lo primero que me sorprende es la cantidad de bicis que hay aparcadas. Hay que puntualizar que wageningen es una ciudad pequeña, en Amsterdam te puedes encontrar un aparcamiento de bicicletas de 4 plantas.

 

Para matar el tiempo decido preparar un cartel con el nombre de Ana, al estilo de chófer en aeropuerto. Pero cuando me dirijo para el andén a esperarla me encuentra sin tener el cartel en la mano. Si ya no sale lo cutre vamos mal.

Nos vamos a tomar una copa con sus amigas y luego nos vamos para el piso de estudiantes donde vive. Por ahora solo han llegado ella y su compañera indonesia.

 

Mi idea era quedarme unos pocos días descansando, pero Ana ya me avisa de que tiene que estudiar y que cuanto antes me vaya mejor. Tan bien que escribí de ella en el Diario de mi primer viaje

Al día siguiente me quedo trabajando y por la tarde me voy a ver la ciudad. La chica indonesia me presta su bici, pero tan solo me da la llave de uno de los dos candados. Así que toca andar. intento llegar a un parque que me recomendó, pero según llego empieza a llover y decido volver, ya que llevaba algunas pruebas para el camino que no quería perderlas.

 

Ya llegando al centro deja de llover, pero hay más bien poco que ver. Como podéis ver en el vídeo, en lo que a arquitectura se refiere, no es nada impresionante. Así que vuelvo para el piso y mañana será otro día.

Al día siguiente me decido por ir a Amsterdam, así dejo a Ana que estudie tranquila. Voy en bici hasta la estación, que son unos 5 km, y uno se siente como un rey. Es increíble como el tráfico respeta a las bicis. Llego justo para que la lluvia no me pille y me subo para el tren. Sin mirar muy bien porque creo que me metí en primera clase.

 

Los primeros canales ya avecinaban que llegaba a Amsterdam, así que con el ukelele a la espalda y, por fin, sin la mochila a cuestas, me disponía a ver la ciudad. Al principio me pasee por los canales y por poco me caigo en uno por lo locos que van con la bici.

Canales de Amsterdam

Al final me voy para el Palacio Real, donde empieza un Free Tour. La plaza es muy bella, pero para preparar la semana del orgullo habían puesto un escenario en medio. Si es que tengo una suerte con los andamios. Por cierto en la plaza hay aseos gratuitos en una tienda algo pija, que siempre van bien.

palacio real.

El tour fue realmente interesante y muy divertido. No solo por el guía, sino la misma ciudad. El pasar por el barrio rojo con las vitrinas, pues siempre crea algo de incomodidad que a la vez da paso al posthumor. Y de ahí al beguinaje, algo más grande que el de Brugge y explicado con más pasión.

Os inserto el beguinaje, sé que preferíais el barrio rojo 😉

Al terminar me voy para un parque enorme del que me quedo maravillado. Uno se puede evadir completamente de la ciudad, esta lleno de pequeños lagos, fuentes, pequeños bosques, etc. A pesar de estar muy concurrido, se podía encontrar lugares donde estar totalmente solo. Aprovecho eso y me pongo a tocar un rato el uke.

El parque

Al marcharme se me cae la cartera y no me doy cuenta de ello. Es a los 10 min cuando noto que falta algo en el bolsillo y empiezo a preocuparme seriamente. Desando a toda prisa todo el camino hasta donde me puse a tocar, mirando constantemente al suelo mientras mi mente empieza a agobiarse muy seriamente. Pero llego al lugar y… allí estaba.

Por aquí se me cayó

Es muy curioso, había pasado gente e incluso a unos pocos metros había unas tres personas sentadas. Es cierto que la cartera no se veía mucho, pero en 20 min cualquiera la hubiera podido ver. Pero quizá se trate de la cultura holandesa, donde nadie se mete en la vida de nadie. Las casas tienen unos ventanales enormes por las que se puede ver la vida de cualquier persona, pero a nadie le importa, nadie se asoma a mirar nada.

Ya más tranquilo, prosigo dando vueltas para grabar algún vídeo más, pero no encuentro ningún lugar que me deje impresionado. A lo sumo, estuvo bien subir a lo alto del NEMO science museum, aunque las vistas no eran muy buenas. Pero ya sabéis, a caballo regalado…

Según ya volvía para la estación me llaman de la COPE, donde quieren hacerme otra entrevista. Así que mi máxima preocupación es llegar a la hora al piso, para poder hacer la entrevista decentemente y que se oiga bien.

Acabo llegando con el tiempo justo, pero Ana no esta en casa y al llamar nadie me abre. Le envío mensajes a la desesperada para que venga, lo que me faltaba para que aún me quiera menos por casa… Al final me abre su compañera, que no había oído el timbre.

Me siento a esperar y van pasando los minutos. Al final nos da tiempo a mirar dos capítulos de Juego de tronos, pero la entrevista se pudo hacer. Aquí podéis ver el resultado, aunque no me acabó de gustar mucho.                                            .

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